Al fondo a la derecha (El Rincón del Disidente)

Rafael Montero Artigas

Cuando la vejiga aprieta y estas un bar, lo normal es preguntar dónde está el W.C. Por regla general, el mingitorio suele estar al fondo del sitio, a la derecha o la izquierda. Como está la cosa de los pisos y los fondos, habrá que cambiar la orientación. Si a alguien se le ocurre nombrar la palabra fondo, lo mismo te montan una tienda de campaña y una protesta en el bar. Pero ¿Qué es un fondo de inversión? Los listos que nos lo explican, dibujan un tipo con levita gastada, tipo Oliver Twist, que roba a los pobres. Un fondo de inversión es una institución de inversión colectiva, donde ahorradores de todos los tamaños, suman su dinero para invertir en distintos activos financieros. Quiere esto decir que, por un módico precio, un particular pone su dinero en manos de un gestor (generalmente asociado a un banco), esperando obtener beneficios de su inversión. Mientras algunos usan su dinero para otra cosa, hay gente que trata de ahorrarlo para el día de mañana. Naturalmente este y todos los negocios, pagan impuestos sobre el capital y las posibles ganancias. Por el contrario, si el fondo fuera deficitario, tendría que afrontar las perdidas. Puede pasar, de hecho, no hace tanto, que algunos fondos quiebren. Así las cosas, el inútil que ha creado el problema de la vivienda necesita un culpable, y mira tú por donde se le ha ocurrido el nombre de fondo buitre, como si todos los ahorradores comieran carne putrefacta; tratando, por otra parte, a los cientos de miles de okupas y la legión de sinvergüenzas que no pagan la renta como si fueran angelicos. Imagina seis pisos de alquiler en un edificio, cinco de ellos pagan religiosamente y uno no, agradable no tiene que ser. La ley protege al débil, pero en esa espuerta van los artistas de la caradura en el mismo cenacho. Pícaros aprovechados. El mercado se protege de esta contingencia retirando viviendas de alquiler. Y entonces se producen las injusticias: para alquilar una vivienda te piden mil requisitos, los dueños temen perder su propiedad de por vida, así que eligen no alquilar, por mucho que le interese. Gente trabajadora desplazada por el abuso de desaprensivos de la patada en la puerta y morosos profesionales. Por desgracia, acaban pagando justos por pecadores. Dramas cotidianos que no tienen nada que ver con el dueño del piso y sí con un inútil que no ha creado las condiciones y las leyes para abrir el mercado, pero muy preocupado de proteger al chorizo. En vez de hablar de fondos buitres habría que hablar de okupas buitres, pero no es políticamente correcto ni progresista.

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