Participó también en los de Munich, en 1972. A García López se le puede considerar el mejor atleta motrileño de todos los tiempos

Miguel González

Hoy, 30 de junio, se cumplen 50 años de la participación en los Juegos Olímpicos de Montreal de Francisco Javier García López, quien ostenta el honor de ser el primer deportista olímpico motrileño. Cuatro años antes, en 1972, había participado también en los Juegos de Munich, donde estableció un récord nacional en los 200 metros (20,77 segundos) que permaneció imbatible durante doce años. Además, formó parte del relevo 4×100, al que un error clamoroso de Carballo, en la última posta, impidió el pase a semifinales y la pulverización del récord de España.
Nacido en Motril en 1949 y forjado en escenarios tan diversos como la Playa de las Azucenas y el Majuelo, marchó a Granada por motivos laborales de su padre. Posteriormente consiguió una beca para estudiar en la Universidad Laboral de Córdoba y, más tarde, la Federación Española lo becó con una plaza en la residencia Joaquín Blume de Madrid, instalación para deportistas de élite.

Segunda participación olímpica y aquella entrega maldita
Olímpico, recordman nacional del doble hectómetro y subcampeón de España de esa distancia, García López se encontraba en 1972 en el punto culminante de su carrera. Sin embargo, junto a otros atletas españoles, se negó a ir un año más tarde a la Universiada de Verano de 1973, en Moscú (URSS), al no aceptar la Federación Española de Deporte Universitario la solicitud del atleta motrileño de unas dietas de 1.000 pesetas diarias. Esta circunstancia fue aprovechada por la Real Federación Española de Atletismo para aplicar el principio de autoridad ejemplarizante y suspenderle de sus derechos deportivos. La sanción de un año que recaería sobre él en 1974 no mermaría su capacidad competitiva y, en 1976, el motrileño volvía a ser seleccionado para representar a España en los Juegos Olímpicos de Montreal como miembro del equipo de relevos 4×100. Sánchez Paraíso, Luis Sarriá y Javier Martínez serían sus compañeros.

Tras superar la primera ronda con un tiempo de 39.93, el equipo español afrontaba, el 30 de julio de 1976, su serie de semifinales con fundadas esperanzas de conseguir la primera clasificación de nuestro atletismo para una final olímpica en pruebas de ocho calles. España corría por la calle 6, y en las siete restantes lo hacían Alemania Federal, URSS, Italia, Polonia, Francia, Senegal y Bahamas. Se clasificaban los cuatro primeros y Polonia y Francia partían como favoritos. Sánchez Paraíso fue el primer relevista español, entregando el testigo en primer lugar, y por delante de los franceses, a Luis Sarriá, quien aumentó la ventaja sobre los galos. García López, tercer relevista, adelantó su carrera y Sarriá debió alargar la suya para entregarle el palo, haciendo temer que se habían salido de la zona de recepción. No obstante, el motrileño continuó adelante pero estuvo torpe en la entrega a Javier Martínez, que en dos ocasiones no acertó a tomar el testigo. España, con todos estos incidentes, entró en una decepcionante sexta posición, aunque finalmente sería descalificada al comprobar los jueces que Sarriá y García López se habían pasado de zona.

La carrera de Francisco García López continuaría adelante y en 1978, con sus compañeros del Club Vallehermoso de Madrid Isasa, Carballo y Sarriá se proclamaría campeón de España de relevos 4 x 100. García López tiene como mejores marcas 10.3 (manual) en 100 metros y esos 20.77 en 200 que fueron record nacional durante doce años. Además de ese, ostentó otros siete records de España al aire libre entre las pruebas de 200 metros y el relevo 4×100, amén de uno más en pista cubierta en la inusual distancia de 300 metros. Fue internacional absoluto en 17 ocasiones.
Francisco García López terminó los estudios de Derecho y ejerció durante diez años como Técnico Superior de la Dirección Comisionada de Salud y Consumo de Valencia. Posteriormente fue profesor en el Instituto de Enseñanza Secundaria «Antonio Nebrija» en Móstoles. Jubilado ya desde hace años, vive junto a su esposa en Las Rozas (Madrid).





