La Invasión de la Tortuga

Congelados Campoy

Rafael Montero Artigas.

En 1978 me llamaron a filas, termino este ya extinguido, porque el servicio militar ya no es obligatorio. Regulares 1 fue mi destino, en Ceuta, allí pasé un año de mi vida. Visto con el paso del tiempo, las penurias y alegrías de aquel tiempo son una anécdota. Entonces reinaba otro rey moro, el padre de Mohamed, Hassan. Circulaba un relato de las malas ideas que tenía el monarca para con los caballas (nombre con que se conoce a los autóctonos de Ceuta). El rey tenía la malvada idea de cómo invadir el territorio sin pegar un tiro: En vista de que nuestro índice de natalidad ya flaqueaba en aquel tiempo y siendo ellos más prolíficos, en cinco generaciones serían una inmensa mayoría. Así las cosas, bastaría con derribar la frontera y apropiarse del solar. En estos días me he acordado de la idea, han pasado muchas generaciones, pero casi lo tienen. Han necesitado de la ayuda de un gobierno español tóxico, débil y desorientado. La ciudad autónoma está a merced de una masa de carne informe, muy parecida a aquella Marcha Verde que arrambló con la provincia del Sahara. Es el estilo de nuestros vecinos, con una monarquía totalitaria, siempre dispuesta a la traición y muy aficionada a quemar vidas de sus súbditos. Vecino con malas intenciones, cultivador de hachís y tomates. La población ceutí es variopinta, acostumbran a vivir cuatro religiones en armonía (catolicismo, islam, judaísmo e hinduismo). Todo queda a merced del rey moro y la idea fija de que Ceuta es suya. Pero él no es el auténtico enemigo para España, son nuestros gobernantes. Tenemos la experiencia del 98 donde lo que nos quedaba del antiguo imperio se quemó entre discusiones vanas. Miles de muchachos entregamos nuestra mili para defender la patria en África, aquellas fronteras tenues, con cuatros rollos de alambrada mal colocada que a nadie se le pasaba por la cabeza atravesarla. Luego vino el tiempo de la debilidad, la destrucción del estado, el odio a los símbolos y sobre todo el fenómeno de lo políticamente correcto. De tal manera que ahora los moros no son moros, son magrebíes; y los caballas son la presa de un cabrón expansionista que quiere eliminar todo rastro de civilización. Frente al envite de 80.000 individuos, a los que le han abierto las puertas del cortijo, solo queda un país rebelado contra la gentuza política que exonera al invasor y busca excusas mas allá de la razón. Doy por bueno el año que estuve allí, pero siento vergüenza del trato que recibe Ceuta en este tiempo. ¡Viva Ceuta y Viva España!

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