Las Tarjetas de Sergio

Cocinas Rubio

“Una de toros; una de Jorge Rex”

Sergio Rodríguez

Son muchos los deportes de riesgo y, en algunos de ellos, te puedes llegar a jugar algo más que una lesión grave; te puedes jugar incluso la vida. Está claro que aquellos deportes de velocidad (motos, coches, ciclismo) son los que se llevan la palma en este sentido, aunque sin olvidar la escalada y todos esos en los que flirteas con la altura y, por lo tanto, con la posibilidad de una caída de las que no se cuentan. Para mí, el mundo del toreo es también un deporte, ya que la preparación del torero exige muchísimo entrenamiento en todas las facetas físicas, pues son necesarios una gran movilidad, resistencia, buenos reflejos, fuerza y agilidad para contrarrestar y desactivar los peligros a los que te expone un toro. Creo que puedo hablar con conocimiento de causa pues viví de cerca el mundillo taurino con mi hermano Jorge, que en su momento fue un acreditado novillero que se quedó a las puertas de ser matador. Jorge “Rex”, que así era su nombre de guerra, tuvo una trayectoria taurina muy ajetreada desde corta edad. Siendo muy joven se escapaba de casa para ir de maletilla por esos campos y plazas de Dios. Más de una vez tuvo que ir mi padre a por él previo aviso de desaparición. Gracias a esos avisos era localizado por la Guardia Civil y allá tenía que ir Pepe Villegas para traerlo de vuelta al “corral”. Pero a los pocos días Jorge volvía a las andadas, repitiéndose tantas veces la “faena” que ya dejamos de preocuparnos por sus desventuras. El caso es que su perseverancia le dio para hacerse un nombre como novillero, contando también con la ayuda de gente que apostó por él, el más importante, Julio Videras, que se mantuvo a su lado muchísimo tiempo. Como dije antes, Jorge estuvo a nada de convertirse en matador, pero precisamente el día antes de su celebración, se suspendió por diversos motivos la corrida en la que debía tomar la alternativa. Después de eso, ya nada fue igual. Y hablando de riesgo, la vivencia taurina que más recuerdo de mi hermano fue la novillada de su presentación en la Plaza de Toros de Granada. Fuimos a verlo varios miembros de la familia; la tarde era excelente y había una buena entrada. La cosa transcurría bien, con mi hermano en su tono habitual, con ganas y exponiendo mucho delante del novillo. Jorge tenía un estilo parecido al Cordobés, aunque menos estrambótico y más académico que éste. Tras una buena faena llegó la suerte suprema. A la hora de matar, Jorge Rex iba siempre a por todas. Así que, preparó su estoque, se perfiló y se tiró literalmente encima del novillo, consiguiendo una estocada hasta la bola que supuso la casi instantánea muerte del novillo. Eso sí, éste, al levantar la cabeza a la hora de recibir la estocada, le introdujo a Jorge un pitón que entró por debajo de la barbilla y salió por la parte baja del labio. Por suerte, el toro bajó la cabeza y la cornada fue de entrar y salir rápidamente, no quedándose mi hermano enganchado. Aunque la cosa no fue a mayores, el susto de ver a Jorge con la cara ensangrentada me hizo decir “la primera y la última vez que vengo a verlo” y, efectivamente, nunca jamás volví a ir a una de sus novilladas. Con una estaba yo más que servido. En este caso se puede decir que uno sí escarmienta en cornada ajena, y más si el ajeno es alguien de tu misma sangre.

A la memoria de Jorge Rodríguez González, «Jorge Motril»

Mesón Antequera

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