El Rincón del Disidente

J. Salcedo Cargo


El coche de papá

Rafael Montero Artigas


El siglo XX tenía sus cosas, tiempo antiguo. España, saliendo de una guerra, inició la vida de los coches modernos. Hacia los años sesenta la movilidad de las familias sufrió un cambio sustancial. Los coches se popularizaron, todas las familias comenzaron a comprar su utilitario. Entonces había marcas con pedigrí. Los Fiat los fabricaban en Italia, los Renault en Francia, Mercedes en Alemania y así todo. Cada máquina tenía un origen representativo de quien lo fabricaba. En las familias el coche era uno más, se hablaba del mismo como si fuera una criatura. No había limite de plazas en los utilitarios. No era extraño ir a la playa en el Seat 600 con siete de familia dentro y la baca con los arreos. El coche era heredado por los hijos que se iban sacando el carnet, difícilmente abandonaba la familia y su matrícula era recordada por varias generaciones. Automóviles con alma que hacían historia junto con la familia. Pero todo cambió con la globalización, primero; y la agenda 2030 después. El futuro diseñado por leguleyos de Bruselas (algún día habría que ver el dinero que nos cuestan). Los automóviles sufrieron la deslocalización, fruto del mundo global. Ahora un Renault llevaba la caja de cambios hecha en Valladolid y el motor construido en Rumanía, y así todas las marcas. La agenda 2030 impuso la electrificación como el futuro; tu coche era el enemigo por la combustión, los coches ya no eran como antes, se cambiaban cada cuatro años, como pares de zapatos. La familia tenía que tener dos coches por casa para ir a la playa. La movilidad es la revolución del siglo XXI y el coche es una especie en extinción. Nosotros soñábamos con sacarnos el carnet para poder ser libres y ahora la gente joven va de crucero y se gasta el dinero en un móvil. Tiempos modernos donde los sueños corren por la fibra óptica. Nunca tiempo pasado fue mejor, pero te reto a que busques una experiencia mejor que ir por el llano de Carchuna con tus amigos, montados en un “Seillas” y cantando a voz en grito. Entonces tocábamos la libertad con las yemas de los dedos, ahora las deslizan por una pantalla.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *