
Sergio Rodríguez
Qué les voy a contar de la cantidad de tipos de jugadores que conocí tanto en mi etapa de jugador como en la de entrenador. Principalmente, a los que tuve como compañeros los tenía calados. En aficionados, ya con cierta edad, el temperamento tercia a “quemaíllo”, así que “lindezas” aguantan las justas. Estamos hablando de los años 70 y 80 y lo que ocurrió estaba a la orden del día en aquellos tiempos, pues era raro el partido en el que no se dieran escaramuzas como las que voy a contar. En el Atlético Tiburón de aficionados se dieron temporadas muy buenas, con jugadores veteranos que ya no se asustaban de nada. En un partido contra el Asomo (equipo en su mayor parte compuesto por sordomudos), nuestro central era Antonio Escámez, un hombre con un físico que imponía respeto y muy expeditivo en sus acciones. Evidentemente, Escámez no tenía reparos a la hora de entrar duro a los rivales. Pues bien, uno de los jugadores del Asomo se cruzó en el camino de Antonio y éste le entró con tal fuerza que lo volteó unos metros. El árbitro, como es lógico, señaló la correspondiente falta, pero el jugador, que alcanzaba con dificultad a chapurrear frases sueltas, le dijo a Escámez “me c… en tu madre”. Entonces, el añorado Escámez no se lo pensó dos veces y le arrimó un guantazo a mano abierta que lo dejó tiritando, al tiempo que le decía “¿a tu tita le dices eso?”, y es que el jugador, curiosamente, era primo suyo. Ante el “atentado” el árbitro se acercó rápido al lugar de los hechos, pero antes de que sacase la roja, Escámez le dijo: “no hace falta, me voy ya”. En fin, como familia que eran, seguro que las palabras se acabaron olvidando y perdonando, pero el guantazo ahí se quedó para el recuerdo.





