Fernando Gutiérrez “Guti”: “Sin un fútbol base sólido no puede haber un club fuerte”

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Mucha gente lo conoce por su faceta de entrenador, ahora en el Área de Deportes de Salobreña y antes en el equipo B del desaparecido Motril C.F. o en el Calahonda, y también por su protagonismo en el pádel motrileño. Pero quizás no sepan que Fernando Gutiérrez Fernández “Guti” (Motril, 1973) fue uno de los futbolistas motrileños más prometedores de los años noventa. No llegó a jugar en el primer equipo local, pero, a cambio, jugó cuatro temporadas con el Granada C.F. en 2ª B.

Miguel González

Usted empezó en el Tiburón…

Era el equipo más cercano, pues mi padre fue uno de los fundadores junto a Sergio Rodríguez. Estuve en alevín y en infantil antes de pasar, ya como juvenil, a la Agrupa

Y de ahí al Motril B…

Lo cierto es que, desde el primer año de juvenil comencé a jugar con el primer equipo de la Agrupa. Cuando se produjo la fusión, el Motril B ocupó la plaza en Preferente de la Agrupa y estuve jugando en aquel una temporada.

¿Cómo llegó al Granada C.F.?

Ese año, 1991, me iba a estudiar a la capital y el Granada me conocía de la selección juvenil, de la que yo era capitán. Lucas Alcaraz iba a coger el juvenil de Liga Nacional y me llamó a modo particular; posteriormente, la directiva granadinista me firmó y me metió en una residencia.

¿Le quedó la espinita de no haber debutado con el conjunto blanquiazul?

La verdad es que me fui de aquí desencantado. Estuve entrenando con el equipo de Tercera los tres últimos meses y en el último, sin nada que jugarse, Miguel Novo no me dio ni un minuto. Pensé que aquí no pintaba nada y ese fue otro motivo para salir. Una vez en el juvenil rojiblanco el Motril se acercó para que volviese, pero no quise escucharlo. Me daba igual las condiciones económicas que me ofrecían, a mí no me importaba el dinero, sólo quería jugar para divertirme. Posteriormente, cuando jugaba en el primer equipo del Granada me llamaron varias veces, pero era lógico que ya no me interesase volver.

Su salto al primer equipo granadinista iba a ser en la temporada 1991-92, con 18 años y directamente desde el juvenil…

Sí, el juvenil se me quedaba pequeño y querían incorporarme al Recreativo, pero si jugaba un partido en Tercera no podría ir con la selección al Campeonato de Andalucía, y lo cierto es que yo también prefería estar en un juvenil fuerte como el del Granada, que jugó esa temporada la Liga de ascenso a División de Honor. El caso es que jugué el Campeonato con la selección, perdimos la final con Almería y yo, siendo central, fui el máximo goleador. A la vuelta, me incorporé a la primera plantilla. El Granada, sin aspiraciones, había cedido a Antonio Álvarez al Málaga, que estaba en Segunda y se jugaba el descenso, y la plaza que dejó me la dieron a mí. Pepe Parejo decidió dar oportunidad a la gente de la cantera en los últimos partidos y me hizo debutar, además como titular, en Marbella. Perdimos 6-1 ante un conjunto marbellí que marchaba destacado y acabaría subiendo a Segunda. En aquel Granada jugaban jóvenes como Antonio Notario, Paquito, que luego estuvo en el Motril; Padial, Neskens… y veteranos como Manolo, que había sido muchos años jugador del Barcelona; un histórico del Sevilla como Antonio Álvarez…

Su mejor temporada fue la siguiente, la 92-93, en la que disputó doce encuentros, aunque las lesiones le impidieron consolidarse en el once titular…

Jugué de titular el primer partido, contra el Betis B, y ese mismo día me lesioné la rodilla; necesité dos meses para recuperarme y luego fue difícil entrar. Lo hice cuando se lesionó un compañero y ya no perdí la titularidad hasta que, en un entrenamiento, me lesioné la otra rodilla. Tuve que operarme y eso me costó perderme la liga de ascenso y la temporada siguiente.

Guti y Carrasco ejercieron de capitanes respectivos de Granada B y Motril C.F. en el partido de liga que estos equipos disputaron en el Nuevo Los Cármenes en la temporada 96-97.

¿Por qué ese chaval que debuta con 18 años y deja buenas prestaciones cuando juega, no termina de asentarse en el Granada y acaba dejando el primer equipo con 22 años?

Proceder de la cantera siempre es una dificultad añadida con respecto a los que vienen de fuera y tienen más cartel. Aun así, lo que ha condicionado mi carrera por encima de todo han sido las lesiones. Tuve tres graves; de hecho, tras la última estaba mal y me renovaron el contrato más que nada por gratitud. Me ofrecieron elegir entre el primer equipo o el Recreativo, en Tercera, y al final opté por éste para jugar a un nivel menos exigente.

¿No le ofrecieron ir cedido a algún equipo?

Sí, la 95-96 estuve cedido unos meses en el Maracena de Pepe Parejo, que tenía aspiraciones de ascenso a 2ª B. Tuve también esa posibilidad a la siguiente y elegí el Recreativo, pero lo cierto es que mentalmente tampoco me encontraba bien para seguir. Me sentía decepcionado, frustrado, por no haber podido llegar un poco más alto en el fútbol. Luego jugué una temporada en el Arenas, más que nada por echar el rato y porque conocía ahí a mucha gente.

“En el Granada me di cuenta de hasta qué punto el fútbol es una cuestión de sensaciones”
“Mis condiciones como jugador se habrían adaptado mejor al fútbol actual”
“Sergio Rodríguez, en el Tiburón, el entrenador que más me ha marcado”

¿Con qué partido o momento se queda de su paso por el Granada?

En la segunda temporada me di cuenta de hasta qué punto el fútbol es una cuestión de sensaciones. Estábamos penúltimos, el Mensajero nos había metido seis goles y, a partir de aquello, me impactó la capacidad que tuvo el grupo, con los mismos jugadores, de revertir la situación. Nos tiramos veinte jornadas sin perder. Jugábamos a veces mal y ganábamos; cualquier ocasión entraba. La afición se enganchó y abarrotaba el antiguo Los Cármenes, como contra Las Palmas o el Córdoba. Cualquiera de esos partidos me vale. También una victoria por 4-1 sobre el Betis de Alfonso, Jarni y Vidakovic en el Trofeo de Granada.

Lesiones aparte, ¿hubo algún hecho que pudo qué hecho pudo haber cambiado su trayectoria como futbolista?

En la temporada 92-93, acercándose la liguilla de ascenso, la directiva nos comentó que técnicos del Valencia iban a seguir a un bloque de jugadores en el que me encontraba yo. Y fue precisamente cuando me lesioné por segunda vez, al igual que Paquito, que era otro de los seguidos. El caso es que, finalmente, Notario fichó por el club valencianista.

Dirigiendo al B del Motril C.F. en febrero de 2007 en el campo del Cerrillo

¿Qué tipo de jugador era Fernando Gutiérrez?

Siempre he pensado que me perjudicó jugar en aquella época. No era un defensa excesivamente duro, pero sí tenía buen trato y golpeo de balón; de hecho, muchas veces jugué en el medio campo con el primer equipo; creo que el fútbol actual, en el que se busca sacar el balón desde atrás, habría sido más propicio para mí.

¿Qué entrenador le marcó más en su carrera?

Una vez me hicieron esa pregunta en una radio de Granada y contesté sin vacilar que Sergio Rodríguez. He tenido a Yosu, Crispi, Lucas Alcaraz…, pero como Sergio, ninguno. Los valores que me enseñó en el Tiburón los mantengo intactos y son los que procuro transmitir en el deporte y en la vida: ser una persona seria, decente, que lleve un camino recto y tenga una educación. El Tiburón era un club adelantado a la época.

¿Y lo de ser entrenador?

No me lo había planteado. Yo aún estaba estudiando y Antonio Santisteban, que fue mi entrenador en el Arenas y era director deportivo de la cantera del Maracena, me dijo que yo tenía madera de entrenador porque, mientras estuve a sus órdenes, había sido su extensión sobre el campo. Me ofreció llevar un equipo benjamín y acepté. Estuve tres años, todos con contrato, aprendí un montón, vi que aquello se me daba bien, aunque, eso sí, nunca tuve más ambición que la de divertirme con lo que hacía.

Continuó, ya aquí, con el sénior del Universal de Calahonda…

Me vine a Motril por temas de trabajo y me llamaron del club caleño. Éste estaba en una situación un tanto caótica; ese primer año hubo partidos a los que acudíamos con nueve jugadores. Aun así, continué porque había gente que estaba muy comprometida, como Canario, Rubén el del Puerto, Emilio Ramos, Alfredo Carioca… Ascendimos a Preferente, pero la tercera temporada percibí que ni presidente ni directiva apostaban por el equipo y lo dejé.

“¿Mi paso por el Motril B? Si hago un trabajo es para que sirva para algo; un filial no está para que los jugadores se diviertan”
“En Salobreña hay infraestructura, material humano y entrenadores con formación y experiencia”
“Un niño no debe salir fuera hasta tener una madurez intelectual y deportiva”
“¿La unión del fútbol base? El Ayuntamiento debería tener algo que decir”

Y en 2005, muchos años después de su marcha como jugador, regresa al Motril C.F. para hacerse cargo del equipo B y le terminó pasando algo parecido a lo del Universal…

En el Motril B estaba viendo lo mismo que me pasó como jugador, que no se creía en la cantera. Así se lo dije a Nicolás Mingorance en mi tercera temporada al frente del equipo. No puede ser que asciendas de Preferente a Andaluza teniendo a jugadores del nivel de Óscar Garciolo, Antonio Bueno, Pedrito o Chus, y ni siquiera se les da a estos la oportunidad de hacer la pretemporada con el primer equipo. La función del B es preparar al mayor número de jugadores para jugar en el primer equipo y no para que los niños se diviertan. Si estoy en un proyecto es para hacer un trabajo que sirva para algo y, si no, me voy. Soy muy radical para tomar decisiones.

Y se fue sin más…

No iba de farol. Era una decisión con todas las consecuencias. Nicolás me dijo que aguantara, que iba a haber novedades, y, de hecho, poco después se fue Amezcua y lo mismo tenía intención de que fuese un entrenador de transición. Pero tenía la suerte de tener mi trabajo; esto para mí era un hobby y podía permitirme el decir hasta aquí he llegado.

Finalmente, y hasta ahora, recaló en Salobreña, donde es monitor del Área de Deportes…

Fran Márquez, coordinador de fútbol en Salobreña, llevaba un tiempo detrás de mí. Los entrenadores del pueblo no tenían titulación y querían profesionalizar aquello. En principio no me interesaba porque yo tenía mi trabajo, pero ofrecieron unas condiciones laborales más que aceptables; a los dos años ya dejé el trabajo y pasé a estar a jornada completa.

¿Cambia mucho lo de ser entrenador de un club, digamos convencional, a hacerlo en el fútbol base de un club tutelado por el Ayuntamiento?

Está claro que te olvidas de la ambición de ser entrenador en una categoría semiprofesional o incluso profesional y aceptas que eres entrenador de fútbol base en un club de pueblo, pero eso a mí me llena porque me gusta entrenar y enseñar. Al principio, incluso, era para cortarse las venas. Me dieron el peor equipo, el juvenil, en el que te encontrabas chavales que entraban al vestuario fumando o llegaban al partido directamente de la discoteca. Cambiar aquello suponía todo un reto, pero con el paso de los años se ha conseguido.

¿Por qué una población como Salobreña no tiene un equipo representativo en una categoría, con perdón, medio decente?

Supongo que algo se habrá hecho mal. Hubo una época, precisamente con Fran Márquez, que, entre una buena hornada de allí y jugadores que no tenían cabida en el primer equipo del Motril, se formó un Salobreña que compitió dignamente en la Preferente antigua. Después desapareció el equipo y tampoco se veía relevo en la cantera. Víctor Merlo, Fernando Muñoz y yo empezamos a trabajar desde la base y se han ido sacando equipos; en cadetes, con tres niños de Motril y el resto de Salobreña llegamos quedar segundos en Segunda Cadete. La Villa cuenta con infraestructura, potencial humano y entrenadores con formación y experiencia. Hace unos años se sacó otra vez el sénior y poco a poco se van dando pasos hacia delante…, aunque también es verdad que esos chavales a los que has conseguido poner en un nivel algo más alto te los acaban quitando otros equipos, empezando por los de Motril.

¿Se equivocan los padres llevándose cada vez más jóvenes a sus hijos a jugar fuera?

Totalmente. Le hacen un daño tremendo a los niños y a la estructura del club, y todo para llevárselos a jugar en equipos de la misma categoría. Es un absurdo. Antes, al menos se iban al Granada, pero ahora van al WE o al Arenas, que no dejan de ser equipos segundones. Antes venían los clubes a por ti. Ahora los padres llevan a sus niños a las pruebas; meten a un crío de ocho años todos los días en la carretera para jugar en equipos que están, como dije antes, en la misma categoría en la que juegan aquí… Cuando sacas a un alevín de su entorno lo fastidias más que lo ayudas. Esos niños acaban volviendo cuando son cadetes, pero, además, frustrados, y es difícil que rindan ya en juveniles.

¿Cuál es la edad ideal para buscar un progreso fuera?

No es hasta que tienes una madurez intelectual y deportiva cuando puedes obtener un rendimiento, ¿a qué edad se fueron Callejón o Armando? La experiencia me la da mi propio caso. Mi padre me dijo que cuando me fuese a estudiar a Granada, no antes, me buscase allí equipo, y tenía toda la razón.

Paco Bea, en la entrevista de la semana pasada en este Semanario, venía a decir que los técnicos de fútbol base actual dejan que desear…

Estoy de acuerdo con él. El Costa tenía unos entrenadores muy buenos. Luego, con la aparición de la UD Motril se optó por buscar a los más baratos y no a los mejores.

¿Por qué es imposible en Motril, como se está viendo actualmente, la unión del fútbol base?

El ego, ese es el problema. Competimos contra nosotros mismos. Cuanto peor le vaya a uno, mejor le irá al otro. Todos tienen muy buenas ideas, pero hay que ejecutarlas y aquí nunca se hace. La unión era solo el escudo, y lo sé porque uno de mis hijos está ahí.

¿Alguna solución?

Siendo las instalaciones cien por cien municipales y costeadas por el Ayuntamiento, pienso que éste debería tener algo que decir o que exigir. Por eso siempre pongo de ejemplo a Maracena. El ayuntamiento fiscaliza a la UD Maracena, que mantiene catorce equipos benjamines, quince alevines, siete infantiles…, y, además, es administrativamente el mejor club que conozco.

¿Qué es lo que más le desagrada del fútbol?

La violencia a todos los niveles; en cuarenta años no ha cambiado nada por muchas campañas que se hagan. Cuando yo era niño, mi padre o no iba a verme o se ponía detrás de una torreta del campo de fútbol; ahora, en un partido de alevines el campo está lleno de padres que saben más que los entrenadores, que no aceptan que sus hijos puedan perder y que culpan al árbitro de todo. Las sanciones económicas son una broma porque, además, las multas son dinero para la Federación, con lo que ésta es, en parte, cómplice del problema. Yo pondría sanciones de pérdidas de puntos por doquier o expulsiones de la competición. De verdad, hay cosas que me indignan, como hace poco, cuando Óscar Lozano, sólo por jugar en el equipo visitante, era insultado a lo bestia y tenía que sentarse custodiado en la grada. Fue vergonzoso. Si al Motril le quitan dos puntos por el comportamiento de esos aficionados, seguro que ni estos ni otros lo vuelven a hacer. Lo que más me importa del fútbol es la educación deportiva, a partir de ahí llega todo lo demás.

Es un asiduo a los partidos del C.F. Motril, ¿qué opinión tiene de todo lo que está sucediendo esta temporada?

Ha habido tantos cambios desde que comenzó la temporada… que así es difícil que un equipo pueda meterse arriba. Eso, a corto plazo. Pero, lo más preocupante es a largo, porque creo que, cuando Motri se canse, el club desaparecerá. Mientras no tengas unos pilares sólidos, que son el fútbol base, no puedes tener un club fuerte.

Otro asunto, el pádel. Fue usted uno de los grandes impulsores o promotores de este deporte en Motril…

Empezó como una afición y, a la vez que jugaba, también me gustaba enseñarlo. Al final acabé creando un club y montando eventos, como la Liga de la Costa Tropical, casi siempre con D´Padelin, para que la gente compitiese y se divirtiera. Era un deporte que estaba en pleno auge y ahora, aunque sigue habiendo un gran número de jugadores, se ha estancado. En mi caso, llegó un momento en el que me decepcioné, porque ofrecía todo y la gente, lejos de implicarse, se iba a otros torneos o clubes que ofrecían menos prestaciones. Dejé de practicarlo por los problemas que me daba la rodilla y, a día de hoy, lo tengo totalmente olvidado.

Usted trabaja en el Área de Deportes de Salobreña, ¿qué diferencias de funcionamiento aprecia con su homóloga de Motril?

Creo que en Motril hay demasiados cargos. En Salobreña estamos unos quince monitores, aparte de un coordinador y dos administrativos. Aquí hay coordinadores de todo y para todo.

Aguisur

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