
Notario de las seis temporadas del Motril C.F. en 2ªB
Seis temporadas jugó el Motril C.F. en 2ª B y sólo un futbolista intervino en todas ellas, Fabián Gabriel Bruzón Rivero (Avellaneda, Buenos Aires, 1969). Es, también, el que más partidos (164) disputó en la categoría de bronce con el conjunto motrileño. Por tanto, nadie mejor que él para repasar la trayectoria blanquiazul aquellas temporadas y, de paso, la suya propia.
Miguel González
¿Cuáles son los orígenes futbolísticos de Fabián antes de dar el salto al fútbol español?
Desde los ocho a los dieciocho años pasé por todas las categorías inferiores de Independiente de Avellaneda. Después firmé por Gimnasia y Esgrima, que iba a hacer una gira veraniega por España y, en el primer partido, contra el Rácing de Santander, tuve la mala suerte de lesionarme y volví a Argentina. Como había finalizado el plazo de inscripciones no pude fichar por nadie. Recibí entonces una llamada para venirme a España, cerré los ojos y no me lo pensé.
Y se planta usted en Almuñécar, que no debía sonarle de nada…
Sí, la llamada fue un miércoles y el viernes, a través del representante Horacio Fernández, ya tenía el pasaje. Llegué con una mano delante y otra detrás, sin saber ni donde estaba Almuñécar ni la categoría en la que jugaba el equipo. Como me vine con los papeles a medio hacer, tampoco pude firmar; y lo mismo me pasó cuando intenté hacerlo por el Motril, así que, entre unas cosas y otras acabé en el Baza, que estaba en Preferente, igual que el conjunto sexitano. Aquella liga fue campeón el Atarfe, seguido del Almuñécar, Baza y la Agrupa.
Pasó incluso por el fútbol-sala, ¿cómo fue eso?
En Baza no me querían dar la carta de libertad, me vine a Almuñécar y, mientras se arreglaba todo, me ofrecieron jugar al fútbol sala en el equipo sexitano, que militaba en la División de Plata. No me gustaba ese deporte, aunque aguanté toda la temporada. Al término de la misma fiché por el Nerja, pero a los dos meses dejaron de pagar y volví al fútbol sala, donde jugué otros dos meses antes de firmar, ahora sí, por al Almuñécar C.F.
En la temporada 1993-94 acabaría jugando en el Granada C.F., que entonces militaba en 2ª B…
Lucas Alcaraz me había visto jugar con el Almuñécar y me llevó al Recreativo, donde coincidí con Alberto Martínez y con Fernando Gutiérrez “Guti”. En diciembre, Nando Yosu, tras verme en un partido contra el Maracena en el que marqué un gol y di otro, me subió al primer equipo.

Cuenta usted que un partido pudo cambiar su posibilidad de futuro en el club rojiblanco…
Sí, contra el Sevilla Atlético, con el campo embarrado. Salí al terreno de juego cuando íbamos ganando 1-0 y, en el último minuto, empató el equipo sevillano y quedé señalado en el gol. Aun así, continué en la plantilla e hice también la pretemporada. Finalmente, otro jugador que, por contrato, se había quedado a un partido de renovar, “forzó” al presidente para que le renovase y eso significó que yo me viese sin ficha.
Se marcha entonces al Adra…
Ahí me volví a reunir con Lucas y Martínez. Era la buena época del Adra en Tercera. De allí salté al Mármol Macael, en 2ª B, que dirigía José Luis Garre. Llegamos a ir líderes, pero al final acabamos descendiendo. Luego fiché en el Mar Menor, también en 2ª B, y, tras una temporada en el club murciano, recalé en el Motril en verano de 1997.
¿Por medio de quién llega usted al conjunto blanquiazul?
Miguel habló personalmente conmigo. Yo, por mi parte, tenía ganas de estabilizarme en algún sitio, aunque sin renunciar a nada si salía algo mejor.
Y en el Motril, que esa temporada debutaba en 2ªB, se iba a convertir en el lateral derecho de referencia de una época inolvidable, aunque, curiosamente, nunca había jugado en esa posición hasta llegar aquí…
En Argentina siempre jugué de lo que allí se llama wing derecho, que viene a ser lo mismo que extremo. Así vine a España, como delantero. Lucas Alcaraz me puso de media punta y Nando Yosu me fue metiendo más atrás, de centrocampista, aunque pegado a la banda. En Macael jugué de extremo izquierda y en Mar Menor de mediocentro defensivo. Fue Miguel quien me colocó de lateral y carrilero.
“Vine por mediación directa de Miguel Novo”
“José Antonio Reyes provocó mi primera expulsión con el Motril”
“Corchado trajo a Gus de lateral, pero acabé jugando yo”

Repasemos ese periplo del equipo blanquiazul en 2ªB que usted vivió intensa e íntegramente. ¿Cómo recuerda aquella primera temporada?
Habrá habido temporadas más buenas en cuanto a resultados; pero, por amistad, por grupo, por equipo, por todo, para mí fue la mejor. Llegaron a decir que los jugadores de Granada estábamos peleados con los de Almería, y eso no podía ser más falso. Íbamos a muerte y todos dábamos la cara por todos. Miguel trajo a su gente, casi toda procedente de Tercera, y nos costó adaptarnos a una categoría que aquella temporada era potentísima en el Grupo IV, con equipos como el Cádiz, Málaga, Granada, Córdoba, Recreativo de Huelva, los dos Almería, los dos filiales sevillanos, el Murcia… Además, empezamos tarde al no estar terminado el campo nuevo. De Tercera a 2ª B sólo hay una categoría de diferencia, pero el cambio es muy grande.
¿Llegó a pensar que el descenso era inevitable?
Nunca se piensa eso. Empezamos regular pero la cosa se fue complicando. La llegada de Vilaseca y también el resurgir de Paco Milán resultaron vitales para escapar del pozo.
Tras una angustiosa jornada final en la que se evitó el descenso directo, el éxtasis en el play-off contra el Mensajero…
En Canarias empatamos a cero y vi una tarjeta amarilla que me impidió jugar el partido de vuelta.
A la siguiente temporada viene nuevo míster, José Ramón Corchado…
Lo primero que me dijeron es que Corchado traía como lateral a Gus y que yo lo iba a tener jodido. Al final intervine en 31 encuentros. Por lo demás, al contrario que en la primera temporada, en la que casi todos éramos de provincias cercanas, se incorporaron buenos futbolistas de muchos sitios del país. Había un presupuesto mayor e hicimos un stage de pretemporada en Sierra Nevada. Creo que la temporada fue buena en líneas generales.
Corchado continuó también en la 1999-2000…
Tampoco estuvo mal, aunque quizás se crearon algo más de expectativas. Acabamos en mitad de la tabla y yo jugué 34 partidos.

Y vio su primera expulsión con el Motril, precisamente en una acción con una futura figura del fútbol español, el tristemente desaparecido José Antonio Reyes, que entonces contaba 16 años…
Me hizo echar en el partido jugado en Sevilla. Salió en la segunda mitad y provocó mi expulsión. Lo curioso es que a él lo expulsaron poco después y al término del partido su padre fue a pegarle al árbitro.
“He olido maletines, pero nunca llegué a verlos”
“A Miguel Novo le estoy súper agradecido; te decía las cosas a la cara”
“Sabía cuál era mi rol con Nene Montero, pero éste me tenía desconcertado”
“El ascenso se perdió en Hospitalet”
Esa fue la última temporada de la directiva presidida por Manuel Pérez Ortega, del que usted tiene buenos recuerdos. Para la 2000-2001 viene José Antonio Murado y con él vuelve Miguel Novo al banquillo blanquiazul. ¿Qué diferencias había entre Corchado y Novo?
Eran distintos. En lo táctico, Miguel solía jugar con cinco atrás, aunque rápidamente se convertían en cuatro o en tres. Por su parte, Corchado utilizaba una línea de cuatro. Miguel Novo era más repetitivo cuando tenía que explicar algo y, al contrario que ahora, que todo se hace con balón, él siempre le ha dado mucha importancia a la preparación física. En lo personal, a Miguel estoy súper agradecido, te decía las cosas a la cara; sigo teniendo trato con él y allá donde va siempre deja huella. Con Corchado nunca tuve mucha relación más allá de la entrenador-jugador, pero siempre me trató con educación y respeto; no me puedo quejar para nada de él.
¿En qué defensa se encontraba más cómodo?
Mejor con cinco, porque tenía toda la banda por delante. Yo era de los de correr; en el fútbol sala me faltaba campo y me daba con las paredes ja, ja.
Esa primera temporada del proyecto Murado se iba a torcer de mala manera…

Miguel volvió a juntar a su gente, aunque había más dinero y llegaron futbolistas que militaron en Segunda e incluso en Primera. Yo empecé muy bien, tanto, que en las tres primeras jornadas había marcado dos goles. Estábamos manteniendo bien el tipo, pero poco a poco nos metimos en una dinámica negativa y hubo que jugarse la salvación en Los Cármenes contra el Granada.
¿Hubo cosas raras en aquella victoria 1-2, remontada incluida, en terreno rojiblanco?
Yo sólo estaba en lo mío. Siempre ha sido así. Venía a entrenar y jugar y después me iba a mi casa. De verdad, no me enteraba de nada. En cualquier caso, aunque he olido maletines, nunca he llegado a verlos en ninguna dirección. A mí únicamente me pagaron por ganar.
Y se viene la gran apuesta por el ascenso, con un equipo de ensueño a los mandos de Nene Montero…
Lo bueno de Nene es que nos dijo de entrada cómo iba a ser todo. Quería a todos en forma porque les servíamos todos, tanto el que tuviese que jugar treinta partidos como el que jugase dos. Yo sabía cuál podía ser mi rol, porque Nene trajo a Pedro Velasco, un lateral que tuvo en el Poli Almería y que había jugado en el Real Madrid B. Aunque jugaba un 4-3-3, a Nene le gustaban los laterales que subían y hacían gol, como Velasco.
Sólo diez partidos de liga jugó usted, ¿qué pasa por la cabeza de alguien acostumbrado a ser titular temporada tras temporada?
El equipo funcionó muy bien desde el principio, así que, aunque yo estaba como una moto, reconozco que Velasco era mejor. Aun así, luché para tener mis oportunidades y entiendo que podía haber jugado más, sobre todo porque veía a otros que jugaban sin merecerlo.
¿Se sintió ninguneado por Nene?
Muchas veces. Además, me tenía desconcertado. Se tiraba siete partidos sin convocarme, de pronto me ponía dos de titular y, luego, vuelta a las andadas. El día que vino el Mallorca B, después de muchas jornadas sin jugar, me sacó en la segunda mitad y me dijo que siguiese al futuro internacional Riera por todo el campo. No terminaba de entenderlo. Psicológicamente lo pasé bastante mal, y mi mujer también, con lo que yo consideraba desprecios a mi persona.
La liguilla de ascenso supuso una enorme decepción ya desde el primer partido, con esa derrota en casa frente a la Cultural Leonesa, ¿qué falló?
Yo creo que el partido que nos marcó no fue ese, sino el siguiente, el que perdimos 3-0 en Hospitalet. Después era ir demasiado a contracorriente.

“Cuando el primero que sale es Nene, intuyes lo que estaba por venir la temporada siguiente”
“El alcalde Rubiales me pidió que me bajase el sueldo”
“Pude seguir en el Motril en Tercera, pero ya había dado mi palabra al Granada”
“Yo no daba patadas; me enseñaron aquí”
Y llegamos a esa última y caótica temporada en 2ªB, la 2002-2003, ¿intuyó usted lo que se avecinaba?
Te empiezas a dar cuenta en el momento que el primero que no sigue es el entrenador, y después de él se marchan los jugadores que más cobraban.
La pregunta ahora es por qué se llegó a esa situación…
El presupuesto de la temporada anterior fue una pasada y lo acabamos pagando los que nos quedamos. Entre los dos porteros, y jugaba uno, se iban 24 millones de pesetas (144.000 euros). Los sueldos para esta nueva temporada eran el cinco por ciento de lo que fueron la anterior. Aguantaron Arenaza, Diego López, Masegosa y alguno más, pero en diciembre tuvieron que marcharse. Yo, que en aquella plantilla de Nene era uno de los que menos cobraba, firmé por un poquito más de sueldo.
¿Se sintió engañado por Murado?
Sí, sobre todo por el hijo. Se lo dije claro: me da igual que vayas a tener problemas con tus pretensiones en Motril ciudad, a mí me tienes que dar de comer; tienes que cumplir.
El alcalde, Luis Rubiales, quiso mediar en el conflicto, atendiendo incluso a su situación personal…

Me reuní con él y me pidió que hiciese un esfuerzo bajándome el sueldo, que, si la cosa se daba bien, en diciembre me lo volverían a subir. Y así lo hice. Por eso, cuando me llamaban pesetero me subía por las paredes. Me pueden llamar cualquier cosa menos eso.
En cualquier caso, el Escribano Castilla se convirtió en algo más que la segunda casa de la plantilla…
Acabamos encerrados en el estadio, con el frío que hacía ahí, y comiendo de la AFE. No eran condiciones para luego afrontar con garantías un partido.
Con el descenso asumido como algo inevitable, se creó una comisión deportiva para al menos sacar adelante la temporada…
El alcalde logró formar con Hontoria, Diego López, el preparador José Manuel Ortega, Fausto, los hermanos Feixas y yo una comisión. Se desbloqueó el tema de las taquillas, que las teníamos embargadas, y se acordó repartirnos el dinero de las mismas; la primera fue contra el Málaga B. A partir de ahí fuimos tirando, aunque era obvio que nos acabarían dejando a deber.
El Motril, tirando con juveniles y fichajes de bajo coste, logró finalizar la competición. ¿Denunció usted ese dinero que sabía le dejarían a deber?
Por supuesto, como también lo hice en Macael y Mar Menor. Si hago un trato contigo y cumplo mi parte, tú tienes que cumplir conmigo; no hay más.
¿Se planteó seguir la siguiente temporada, ya en Tercera?
Pude haber seguido, pero es que me llamaron el último día, cuando ya lo tenía apalabrado con el Granada. Me tenía que bajar el sueldo pero me iban a pagar mes a mes, compensándome en cada mensualidad una parte del dinero que se me debía.
¿Y en el Granada de entonces, penando también en Tercera División?
Allí fueron claros, todos íbamos a cobrar lo mismo. Y lo cierto es que cumplieron, pero a mitad de temporada volví a Almuñécar para jugar en Preferente y olvidarme del fútbol en plan profesional. Subimos a Andaluza y en esta categoría, tras el cambio a Almuñécar ´77, hicimos un temporadón, pero me quebraron la tibia y decidí que el fútbol ya se había acabado para mí.
De todas esas temporadas en el Motril, ¿con qué partidos se queda?
Hay varios. Quizás uno que ganamos a domicilio al Betis B en la primera temporada. Marqué el único gol de un partido en el que acabamos con nueve jugadores. En aquel filial jugaban Pinto, Juanito, Capi, Tristán… También marqué un golazo contra el Jaén, con un centro que se acabó colando en la portería, en un partido muy emotivo pues el día anterior había fallecido Paco Milán. Recuerdo asimismo el del Real Madrid. Lo que me da rabia es que ni caí en hacerme una foto con Di Stéfano. Incluso ni me daba cuenta del intercambio de camisetas; cuando pensaba que ya no había con quien cambiarla, apareció el portugués Secretario, que me la dio envuelta en un plástico; la tiene mi padre.

“Mis compañeros Ortiz y Quillo, de los más difíciles de marcar”
“Jugué diez años en Independiente, pero siempre fui hincha de Rácing”
“Creo que podría haber jugado en Segunda División”
“Lo peor que le pueden hacer a un defensa es encararlo, y ya no hay jugadores que lo hagan”
¿Qué jugadores fueron los más difíciles de marcar?
Ortiz, que fue compañero mío, me confundía mucho. Quillo, con el que también coincidí en el Motril, era un jugadorazo. Aguilar, del Granada; Chumilla, del Jaén; y el portugués Duda, que era muy bueno como futbolista pero al mismo tiempo mala persona; me escupió en un partido, cuando él jugaba en el Cádiz, y me volví loco. Hay otros muchos de los que no me acuerdo sus nombres. Mis hijos me preguntan que a quiénes les di patadas y no puedo responderles, ja ja.
¿Y esa fama de jugador duro que tenía usted?
Yo no era de dar patadas; me enseñaron aquí. Alberto Martínez, Paquito, Castillo, Indalecio o Díaz fueron buenos maestros. Cuando pegaba llegaba a decirme “este no soy yo”. Pero, bueno, tengo que reconocer que sabíamos pegar, porque íbamos al balón y de paso arrastrábamos. Marcábamos territorio. Yo tenía una media de diez amarillas y dos expulsiones por temporada.
Aparte de esos jugadores que le han “complicado la vida” de mayor, ¿ha tenido algún referente de joven?
El Toti Iglesias, delantero de Rácing de Avellaneda el año que este salió campeón de la Supercopa Sudamericana. Aunque siempre jugué en Independiente, yo era hincha de Rácing; sus estadios están separados por una calle. Pude jugar en Rácing, pero en Independiente no me dieron la carta de libertad.
Pregunta obligada para un argentino, ¿Maradona o Messi?
Messi, aunque me parece un error comparar jugadores de distintas épocas. También es verdad que a Maradona lo he visto menos, mientras que a Messi era todas las semanas. Maradona era impresionante con todo lo que le pegaban. A Messi también le daban, pero nunca se quejaba. En cualquier caso, ya no quedan futbolistas como esos dos o como Ronaldo. Al defensa lo peor que le puedes hacer es encararlo y Messi lo hacía y además se iba en velocidad con el balón pegado al pie, que es lo difícil.
¿Mantiene contacto con compañeros de aquellos años en el Motril?
Con Facebook empecé a recuperar cierto contacto, pero la verdad es que físicamente no tengo prácticamente con nadie. Mis mejores amigos de entonces eran Alberto y Valero, con los que solía ir a tomar unas tapitas, pero ni siquiera con ellos, que están relativamente cerca, incluso Alberto fue entrenador de mi hijo. Si acaso, me puedo llegar a ver con Julio, el portero, cuya mujer es de Almuñécar. Es lo que decía antes; venía a entrenar, a jugar y me iba; no tenía mucho trato con los compañeros. Aun así, sigo echando de menos el ambiente del vestuario.

¿Se pregunta si habría podido llegar a más en su carrera como futbolista?
Yo me veía para poder jugar en Segunda. Miguel Novo nos dijo a Alberto y a mí que podíamos jugar en categorías más altas porque éramos disciplinados y eso, a veces, se impone a tener más calidad.
¿De verdad, después de tantos años retirado?
Sí, voy al gimnasio y duro un mes porque es todo lo mismo; cojo la bicicleta y me pasa igual porque voy solo; al pádel somos cuatro. Pero en el fútbol, con tantos compañeros, es donde te ríes, lloras, te relajas…
¿Algunos roces habrá tenido ahí dentro?
Pero eso es inherente al propio vestuario. Yo era a veces muy caliente y decía las cosas a la cara, aunque ese no les gustase a algunos. Pero por encima de todo éramos buenos compañeros.
¿Ha cambiado mucho el fútbol en estos últimos veinte años?
Empezando por que ya no se paga lo que antes. También parece que los jugadores están ahora a otra cosa, como las modas con las botitas, los peinados, los cortes en las medias o los tatuajes. En lo que respecta al juego, el cambio es total cuando ves que al portero se le mide más por lo que juega con los pies que por lo que para; o que el central no anticipe ni de patadas pero sepa jugar el balón; o que suban los dos laterales a la vez. Antes, el 5 era el que daba patadas y también equilibrio en el centro del campo, ahora Busquets es el nuevo 10. Luego que si el falso 9. Me hace recordar una muy buena jugada de Holanda, que tras llegar arriba se vuelve para atrás. Antes me fijaba en Míchel y Joaquín; había desdoblamiento por banda, centro y delantero que buscaba el remate. Ya no existe el delantero centro como tal. Ahora, el único que sube y centra es Navas.
Fabián lleva más de media vida viviendo en Almuñécar y es un sexitano más. Tiene el Nivel 1 de entrenador; pudo haber cogido la senda de los banquillos pero no terminó de ver buenos proyectos. La pasada temporada dirigió al cadete del Almuñécar City y la próxima estará al frente del infantil. A sus hijos, Samuel y Darío, también les dio por el deporte. Samuel, el mayor, probó en el fútbol y llegó a jugar de portero en el Motril juvenil. En la actualidad es graduado Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y también fisioterapeuta. Darío, el menor, es atleta, milita en el Cueva de Nerja y es actual subcampeón de Andalucía absoluto de salto de longitud.
Estuve en la primera carrera de Darío en un pabellón cerrado y me dije “qué hermosura”, no sólo por el escenario, sino por los valores que vi en el mundo del atletismo, que están por encima de los del fútbol.




