A la suerte la llaman robo (así está el fútbol)

Reyma

Miguel González

No puedo evitarlo. Me revienta lo fácil que se pone en boca la palabra robo en el mundo del fútbol, sobre todo cuando está el arbitraje de por medio. A esto ha contribuido de manera impepinable la búsqueda de la polémica que, como vehículo para captar audiencia, ejerce el cada vez más forofo y tendencioso mundo de la información deportiva (futbolística fundamentalmente). Lo reconozco, sólo me gusta el fútbol lo que me gustan los equipos que sigo, que son dos, y poco más. Incluso, cada día aumenta mi asqueo y mi desidia por todo lo que rodea a este deporte; de arriba abajo: de la élite a las peñas, sin salvar siquiera al fútbol formativo. Así, a no ser que la cosa vaya de escándalo: un delito o una injusticia evidente, huyo de las polémicas pueriles, o sea, que los programas deportivos de “adoración nocturna” no me quitan el sueño; ni los taberneros ni los de las cadenas “serias”. La prensa escrita la considero otra cosa, quizá porque me gusta la lectura y eso hace que me atreva a leer bodrios como el que ahora mismo puede que esté perpetrando yo. Pero, a lo que iba. Ya se normaliza calificar de robo cualquier error arbitral que perjudique los intereses de un equipo, pongamos por caso lo del pasado domingo, cuando los aficionados del Churriana clamaron por el gol al límite anulado a los suyos. Eso era un robo para ellos y, rápidamente, en las redes, claro está, los seguidores del Motril se acordaban de jugadas y expulsiones que perjudicaron, sin ningún tipo de duda y con la certeza de la premeditación arbitral (palabra de aficionado), al equipo blanquiazul. Sinceramente, no sé si el gol del Churriana estuvo bien o mal anulado. Me alegré de su anulación, lógico, pero habría asumido sin peros su validación. No entiendo a quienes después de necesitar treinta tomas repetidas en televisión para decidir si ha existido o no un fuera de juego, cargan contra el árbitro y hablan de robo por algo similar en un partido en el que, además, no existe el ¿auxilio? del VAR. La suerte es un factor más en cualquier deporte; siempre lo entendí así. A no ser que la cosa sea muy flagrante, un error arbitral en la percepción de un fuera de juego ajustado o en la de un penalti de los llamados fronterizos, están al mismo nivel de pecado venial, o incluso menos, que los fallos de un gol cantado, de un pase fácil o de una parada “parable”, porque, para más inri, los factores a considerar por un árbitro y por sus asistentes en una décima de segundo empiezan a ser infinitos. Y, por supuesto, me niego a ese revisionismo histórico utilizando las herramientas tecnológicas actuales para juzgar el pasado. Me opongo a la idea de quitar o asignar títulos antiguos basándose en revisiones de jugadas que, en su momento, no contaban con el apoyo del VAR, más, cuando el interés en estas revisiones suele ser a conveniencia propia, dependiendo de si el fallo benefició o perjudicó a un equipo específico. Si hoy existen fallos con tecnología, era inevitable que ocurrieran en la era de la «pura suerte». En cualquier caso, sé que voy a contracorriente del aficionado medio, ese que no tiene paciencia para leer más de cuatro renglones o de escuchar más de veinte segundos una opinión, especialmente si esta no coincide con sus propios sesgos o intereses de equipo, vamos, como la vida misma que no es fútbol.

Aguisur

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