Antonio Cruzado: “El grupo humano del Alborán me enganchó desde el primer día”

Miguel González

Para empezar, ¿quién es Antonio Cruzado y cuál es su trayectoria profesional?

Pues un entrenador de fútbol que ejerce de maestro en el colegio Arco Iris de Motril. Soy malagueño, diplomado en Educación Física, licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte, poseo un máster y el nivel 3 de fútbol. En total, llevo 18 años ligado al fútbol, habiendo entrenado en categorías inferiores de clubes como el Pavía en Almería, el Huétor Vega, donde logramos ascender hasta categoría Nacional, la Fundación del Málaga y he llevado también la coordinación del Dos Hermanas San Andrés. En Motril llevo cinco años.

Su carrera tiene una etapa en las fuerzas armadas, ¿cómo fue ese periodo?

Mientras hacía la licenciatura en Granada empecé a entrenar, pero luego tomé la decisión de unirme a la Legión. Estuve como militar durante 7 años en Almería. Al principio fue difícil compatibilizar ambas facetas y desconecté un poco del fútbol, pero me volvió a picar el gusanillo y acabé entrenando al Pavía de segunda juvenil. En ese tiempo también estuve vinculado como jugador al Aguadulce de fútbol sala, deporte en el que había jugado en Segunda División con el Torremolinos.

¿Cómo se produce su llegada al fútbol de Motril y al Costa Tropical?

Gracias a «Chico», un portero que yo mismo había fichado del Granada para el Huétor Vega juvenil años atrás. Yo estaba llevando una escuela de tecnificación del Dos Hermanas y Chico se enteró por redes sociales que también estaba trabajando en Motril como profesor. Contactó conmigo porque necesitaban un entrenador para el juvenil del Costa y, tras reunirme con Luis Martín, terminé aceptando también la coordinación del club.

“El Costa Tropical no tenía una idea de trabajo clara, por eso me marché”

Sin embargo, esa etapa apenas duró año y medio…

Sí, en octubre se empezó a producir un desencuentro. Como coordinador, yo exigía ciertas condiciones y una estructura que sentí que no se estaban dando. No quería poner mi imagen a un proyecto con el que no me sentía identificado; puse mucho amor y tiempo, pero si no puedo hacer el trabajo a mi medida, prefiero dar un paso al lado.

¿Qué fallaba en el Costa?

Mi sensación es que en el club no tenían una línea de trabajo clara ni objetivos intermedios marcados, sino que iban dando tumbos.

¿Tan difícil es la plaza de Motril para el fútbol base? ¿No es una vergüenza que Motril, salvo presencias fugaces, no tenga equipos en Primeras Andaluzas?

Es una plaza complicadísima. Es una ciudad de 60.000 habitantes con tres clubes grandes, lo que genera disputas constantes por instalaciones, horarios de entrenamiento y captación de niños. Existe una rivalidad y unas rencillas internas, sobre todo entre los veteranos de los clubes, de niños que se van tocando, de entrenadores que se van moviendo de un equipo a otro… y todo eso provoca un desgaste terrible. Yo creo que la solución ideal para los niños de Motril sería una unión real bajo un mismo número federativo.

Se dice que se está cerca de eso de cara a la próxima temporada…

Yo, a día de hoy, veo casi imposible que alguien dé el primer paso para ceder y remar posteriormente todos en la misma dirección. Lo puedo decir porque lo he sufrido en primera persona hace dos años.

“En Motril hay demasiadas guerras internas en el fútbol base”

“Mi objetivo es que los niños de Motril quieran venir a jugar a Calahonda”

¿No es una vergüenza que Motril, salvo presencias fugaces, no tenga equipos base en Primeras Andaluzas?

Es muy triste. Te tiras de los pelos cuando ves que los mejores niños se van a jugar a División de Honor o Nacional a otros sitios cuando podrían estar aquí. A ningún padre le gusta hacer viajes de 60 kilómetros varios días a la semana, pero lo hacen porque aquí no se han terminado de hacer las cosas bien en el fútbol base.

¿El nivel de los entrenadores tiene algo que ver?

Es muy fácil señalar siempre a los entrenadores, pero yo no creo que el problema sea la falta de preparación. La mayoría cuentan con su titulación, ya sea nivel uno, nivel dos o monitor. Muchas veces lo que falta es una buena estructura dentro de los clubes. Tiene que haber una coordinación clara, una metodología de trabajo y una formación continua para los entrenadores, marcando objetivos según cada etapa y supervisando si se están cumpliendo. Además, a los entrenadores hay que facilitarles el trabajo. En muchos casos tienen que ocuparse de todo: materiales, balones, llamadas a los niños o tareas organizativas, y eso dificulta mucho su labor. Cuando un club respalda y organiza bien el trabajo, entonces sí se le puede exigir al entrenador.

“Quiero un Alborán competitivo, con identidad y construido desde la cantera”

Hablemos de su actual proyecto en el Alborán 2021. ¿Cómo termina allí?

Fue un poco por compromiso personal con Darío Noguerol. Al principio le dije que no podía porque mi vida entre el colegio, la coordinación y mi familia en Málaga era muy compleja. Pero me pidió que fuera a ver un entrenamiento y «me hizo el lío». Al ver al grupo humano, que era brutal, me enganché. Hicimos una segunda vuelta espectacular con 9 victorias, 1 empate y solo 1 derrota en 11 partidos, quedándonos a un solo punto del ascenso. Esa espinita fue la que nos hizo continuar este año.

El Alborán ha arrasado prácticamente en la liga, ¿qué es lo más complejo de entrenar a un equipo sénior en estas categorías?

Lo más difícil es conciliar la vida laboral de los jugadores con la deportiva. Tengo chavales que vienen de trabajar en la obra en Málaga y llegan a las ocho y media de la tarde agotados tras estar en pie desde las siete de la mañana. Hay que tener muy en cuenta esa carga física. Aun así, mi mayor éxito es tener a 22 o 23 jugadores entrenando cada día con ganas, incluso haciendo descartes semanales.

¿Cómo definiría su estilo de juego y su metodología?

Soy un entrenador adaptativo, aunque mi idea principal es una presión muy alta para recuperar el balón cerca de la portería rival. Me gusta un juego asociativo y a la vez vertical, con transiciones rápidas. Busco que mis equipos tengan identidad, que sean agresivos en los duelos, intensos físicamente y que muerdan arriba. Además, reconozco que me sale la «vena militar» en el trabajo: me gusta la seriedad, no tolero que no se me escuche y si siento que alguien me hace perder el tiempo, me voy.

Tiene un capitán, Miguel Muñoz, con experiencia en Tercera y, curiosamente, también con formación militar. ¿Qué importancia tiene en el grupo?

Miguel es la piedra angular del proyecto. Hacía tiempo que no tenía un capitán con esa jerarquía y voluntad de ayudar. Existe una simbiosis perfecta; él entiende al cuerpo técnico y me da consejos objetivos, no por amiguismo. Es fundamental para mantener unido a un grupo sénior.

“No regalo nada a nadie; el juvenil que se lo gane tendrá su oportunidad”

¿Ha tirado de juveniles durante la temporada?

En los últimos partidos sí hemos tirado del juvenil, aunque más como recompensa al trabajo que por una necesidad real. El próximo curso varios harán la pretemporada con nosotros y, si se lo ganan, podrán entrar en dinámica del primer equipo. Yo siempre digo lo mismo: no regalo nada a nadie. Pero si un jugador joven demuestra que está preparado y merece la oportunidad, la tendrá.

¿Qué perfil de jugadores busca de cara a la próxima temporada?

Busco gente con hambre, preferiblemente jóvenes que quieran hacerse un nombre y «peguen bocados a las piedras». No quiero jugadores que vengan de vuelta o «resabiados» que piensen que por haber jugado en categorías superiores ya lo saben todo. Para mí, el grupo es una familia a nivel personal y no voy a fichar a nadie que pueda desestructurar esa unión, por muy buen futbolista que sea.

¿Hacia dónde camina el proyecto del Alborán en Calahonda?

Queremos ser competitivos en Segunda Andaluza y aspirar al ascenso. Pero más allá del primer equipo, la idea es profesionalizar el club desde la base, aumentando horas de entrenamiento y formando a los entrenadores con una metodología clara. Me considero bastante profesional en mi manera de trabajar, sea con alevines o con séniors. De cara al año que viene, uno de nuestros objetivos deportivos es mantener el juvenil, porque queremos que sea el vivero del que se nutra el primer equipo y que el proyecto represente a todo el pueblo. Mi objetivo es que, trabajando bien, llegue el día en que los niños de Motril busquen ir a Calahonda porque vean un proyecto serio.

¿Qué tiene este Alborán que no han tenido otros equipos de Calahonda Carchuna?

Creo que tiene dos cosas fundamentales. Por un lado, está el sueño de Darío. Cuando alguien lucha de verdad por un sueño, va con todo. Y, por otro, creo que yo aporto hambre, trabajo y ambición, algo que Darío conoce perfectamente. Al final, es una simbiosis muy positiva: él tiene un proyecto y una ilusión muy clara, y a mí me da la libertad y el respaldo para desarrollar ese trabajo y esa ambición. Además, tenemos otro factor a favor. En Motril siempre ha habido muchos clubes peleando por un espacio, y aquí tenemos la suerte de que estamos solo nosotros y también la ELA, con la que además hay buena predisposición para colaborar. Esa unión entre un proyecto que quiere representar a un pueblo y un pueblo que quiere sentirse representado es fundamental.

Arlauto

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