Premio al sufrimiento extremo

Congelados Campoy

CF Motril 0

Churriana CF 0

Motril: De la Osa, Iván López, Samed, Rali, Boris, Carlos León, Álvaro Díaz, Isra (Cameron, min.46) (Tomás Cruz, min.102), Pablo Muñoz (C. Camacho, min.46), Antonio López y Pato (Cheikh Mbacke, min.58) (Diosbert, min.118).

Churriana: Sebas, Ávila, Maldonado, Luis Torres, Calero (Peso, min.59), Rober Molina (Sergio Pimentel, min.79), Aarón, Antonio Fernández (Guso, min.79), Nacho Buil (Adam Montoya, min.95), Cristian (Fran Martínez, min.95) y Fer Herrera.

Árbitro: Torrano López (Sevilla). Amonestó a los locales Carlos Camacho, Álvaro Díaz, Cheikh Mbake y Javi Martín (banquillo); y a los visitantes Aarón, Rober Molina y Fran Martínez. Expulsó con roja directa a Antonio López (min.35) y por doble amarilla (la segunda en el minuto 99) a Carlos Léon.

Incidencias: Partido de vuelta de la primera eliminatoria de ascenso a Segunda Federación. Unos 3000 aficionados se dieron cita en el Escribano Castilla, entre ellos unos 400 venidos de Churriana de la Vega y que se ubicaron en el fondo norte. Antes del comienzo se guardó un minuto de silencio por el fallecimiento de la abuela del jugador del Motril Antonio López.

El Motril aguanta hora y media en inferioridad numérica y hace valer su segundo puesto en la liga

Miguel González

A saber lo que deparará finalmente al Motril este play-off, sobre todo teniendo en cuenta que, ahora mismo, entre sanciones, lesiones y demás, se encuentra literalmente hecho unos zorros, pero nadie le puede quitar ya una página épica, escrita a sudor y sufrimiento puros, que será contada en el futuro por todos aquellos que la padecieron, en el campo y en la grada, la tarde-noche del pasado domingo.

LA JUGADA. Acoso del Motril a la meta churrianera, Samed cae al suelo y, en la trifulca posterior, Antonio López es expulsado.

Más allá del resultado en la ida, el Motril había salido de Churriana con la sensación de ser superior a su rival. No obstante, el empate también servía de alerta de cara a la vuelta, máxime cuando, en el fútbol, nadie está a salvo de que un detalle, algo incontrolable, tire por tierra cualquier tipo de lógica. Para empezar, el equipo de Leví Cantero se sintió más suelto que en su estadio, donde tardó medio tiempo en enterarse de que estaba jugando un play-off. En el Escribano, aun con las mismas pautas de juego que en El Frascuelo, el Churriana demostró más confianza en lo que hacía, como si solo tuviese mucho que ganar y nada que perder. Mejor en la presión y más acertado en la transición, que no era otra que evitarla en el centro del campo y llegar por la directa lo más profundo posible. Al Motril se le iba a ir atragantando poco a poco ese fútbol de escasos trámites que proponía el rival, aunque pudo no ser así si el disparo de Samed desde la frontal, tras recoger un despeje posterior al intento de remate en plancha de Antonio López, no se hubiese topado con el poste. El Churriana replicó con una plantada de Cristian ante De la Osa, que le dificultó las cosas al delantero hasta que este se hizo un lío. Pero sí, conforme avanzaban los minutos, al equipo de José Motri se le hacía más difícil avanzar, valga la redundancia. Movía y movía la pelota pero sin distraer al contrario, que obligaba a los jugadores locales a recibir constantemente de espaldas y a ser muy previsibles en el pase. Llegada la media hora, Pablo Muñoz, multiusos que este domingo fue utilizado arriba a la derecha, ganó la línea de fondo, amagó con centrar y se buscó un disparo raso que sacó Calero en la misma raya de gol. Casi a renglón seguido llegaría la acción y reacción que condicionarían el desarrollo posterior del partido. El Motril se asoma al área chica y se producen una serie de semidisparos y semirechaces, Samed acaba cayendo en lo que pareció una rebañada al balón pero quedó tendido en el suelo. Alrededor, con el juego parado, se encendió la mecha entre jugadores de uno y otro equipo y a Antonio López, de manera incomprensible en un jugador con tantos tiros dados y recibidos, se le fue la cabeza y algo más. Torrano Sánchez lo mandó a la caseta con roja directa y mandaba de paso al Motril a un largo vía crucis. Los locales se dispusieron en dos líneas de cuatro bien juntitas y Pato como referente arriba. Con el Churriana definitivamente pensando en el “sí se puede”, al Motril le vino bien la proximidad del descanso. “Motri” aprovechó el paso por el vestuario para dar entrada a Cameron, que estaba medio tocado en su tobillo; y a Carlos Camacho, dejando en la caseta a Pablo Muñoz e Isra.

SE LE VIERON COSAS. Se ha hecho esperar el debut de Cheik Mbacke. El senegalés entró en la segunda mitad y dejó muy buenas sensaciones, entre ellas esta arrancada salvando a varios contrarios, que terminó con un centro que no encontró rematador.

Se temía a la inferioridad numérica y a la ausencia de un faro arriba con tanto tiempo por delante, pero lo cierto es que un poco de Cameron siempre es mucho en situaciones de extrema necesidad, y Camacho resultó también el agitador que no fueron ni Pablo Muñoz ni Isra. Así, contra pronóstico quizás, el Motril fue el dominador de la segunda mitad, más aún con la entrada de Cheikh, que tuvo la presencia en el área y sus aledaños que no había tenido Pato. Ya para entonces era evidente el derroche físico extra al que se estaba viendo obligado el Motril, con un Carlos León imperial en el sostén del centro del campo, amén del trabajo correcto y a destajo de los cuatro de atrás (Iván López, Rali, Samed y Boris) y de Álvaro Díaz. El Churriana, tal vez confiado en que el Motril terminaría por reventar y el gol llegaría de maduro, o quizás porque daba para lo que daba, tampoco apretaba para tener como tenía una oportunidad que ni soñaba. Aparte de balones a la olla sin mucha chicha, solo las arrancadas de Nacho Buil por el centro amenazaban con crear cierto caos en el orden defensivo de los locales. El Motril dispuso de algún buen centro atrás que no encontró rematador y con dos o tres disparos con cierto peligro, pero en el ambiente ya pesaba más la merma física y la predisposición a la resistencia que la búsqueda del gol salvador. Todo eso se acrecentaría en la prórroga, donde cada minuto gastado era un tesoro. Una angustia que se tornó en sufrimiento extremo cuando, aún con veinte minutos por delante, el colegiado mostraba la segunda amarilla a Carlos León por una falta inexistente que en realidad era una acción de puro jabato. Como si todas esas adversidades fuesen pocas, Cameron y Cheikh -cuánto oxígeno hacia arriba dio el senegalés- agotaron las reservas que les quedaban y también hubieron de ser sustituidos. Cada despeje, cada corte, cada centro atajado por De la Osa, cada balón salido por la línea de fondo eran celebrados por la afición local casi como si de un gol se tratase. Y más se celebró aún el gol anulado a Fran Martínez por un fuera de juego más que dudoso (gracias, asistente Marta Flores). Los minutos restantes, además de una master class de perder tiempo, continuaron siendo un suplicio, una admirable y entrañable demostración de raza y entrega, lo que debió ablandar el alma del colegiado, que entendió que todo eso, más que minutos de añadido en su justa medida, merecía un premio de pura justicia.

JUSTIFICADA. Los jugadores blanquiazules dan rienda suelta a su alegría después del enorme derroche físico y la tensión máxima vividos.
Vitalys Center bueno

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