
Hace apenas un año, Noelia Valenzuela centraba todos sus esfuerzos en preparar las oposiciones para ingresar en la Guardia Civil. Hoy, tras superar la formación en la Academia de Baeza, tiene en Albuñol su primer destino en prácticas y sigue acumulando éxitos en las pistas de atletismo. La fondista, que representará a España en las próximas Olimpiadas Militares, repasa una etapa tan intensa como transformadora, compaginando su vocación profesional con el deporte de alto nivel.
Miguel González
¿Cómo le ha cambiado la vida en este año?
La verdad es que me parece que ha pasado mucho más de un año. En tan solo 12 meses he logrado cumplir casi todos los objetivos más importantes de mi vida. Aunque soy joven y quiero conseguir mucho más, siento que este periodo ha sido tan intenso y completo que equivale a varios años de experiencias.
¿Cómo fue el proceso de adaptación al ingresar en la Academia de la Guardia Civil?
Al principio me costó porque soy una persona muy organizada y estructurada, y en la academia tienes que aclimatarte totalmente al horario de los mandos. La rutina empieza a las 6:30 con el toque de diana; luego vienen el desayuno, el izado de bandera a las 8 y clases toda la mañana. De 2 a 4 teníamos un descanso y seguíamos en clase hasta las 7 de la tarde. Mis horas libres, de 7 a 9 de la noche, las usaba exclusivamente para entrenar, a veces bajando a la pista con las botas de campaña, lo que me sobrecargaba mucho las piernas.
¿Tenía algún tipo de privilegio o apoyo por ser deportista de alto rendimiento?
Sí, el Coronel Director me ayudó mucho. Le envié una instancia para que me permitiese realizar mis entrenamientos específicos durante las horas de educación física, que para mí eran como «un paseo», y así poder dedicar mis horas libres a estudiar. Por cierto, en la Academia existe una excelente pista de atletismo. Además, por ser deportista de alto rendimiento, me daban 20 minutos extra para terminar mis sesiones y me permitieron acceder a un menú especial para evitar los fritos, que me sentaban mal para rendir.

En momentos de dureza física durante la instrucción, imagino que le serviría de algo su experiencia como corredora de fondo…
Totalmente. Psicológicamente me repetía: «Noelia, tú puedes». Mientras veía a compañeros desmayarse en la formación por el calor o el agotamiento, o cuando, después de entrenar series la tarde anterior, con las piernas de aquella manera, teníamos por la mañana dos horas de orden cerrado, con las botas, cargando con el CETME…, no quedaba otra que tirar de cabeza, como en una carrera de fondo.
Las marcas y el rendimiento deportivos ¿se han resentido con este nuevo ritmo o hábito de vida?
Tenía miedo de perderlo todo, pero logré mantener mis marcas. Nada más llegar, en noviembre, fui campeona de España de Cross de la Guardia Civil. En mayo, en el Campeonato de España Militar, hice 4:46 en el 1500, que es mi segunda mejor marca en esa distancia, y quedé subcampeona en 5000.
Aconsejaba usted que, para progresar, es mejor disfrutar y no estar tan pendiente del cronómetro ¿se lo aplica usted misma?
Admito que me cuesta aplicármelo. Soy lo que llamo una «miedica» en cuanto a la condición física; siempre tengo ese temor de que, si me pongo mala o dejo de entrenar un tiempo, no la volveré a recuperar. Cuando entré en la Academia, tenía tanto miedo a perder mi forma que me exigí demasiado. Mi cabeza no iba en conexión con mi cuerpo; sentía mucha ansiedad por no poder entrenar tranquila: el cansancio y la presión de las tareas militares. En enero sufrí un bajón grande porque pillé la gripe y me lesioné el tobillo en el Campeonato de España Militar de Cross. Fue un momento de «shock» que me hizo entender que el cuerpo tiene variaciones naturales y que es imposible estar siempre arriba. Me dije a mí misma: «Noelia, si vas a dejar de disfrutar, no corras más”. Decidí darme una tregua y relajarme. Empecé a disfrutar más de la vida en la academia con mis compañeras de camareta y acepté que, si un día no podía entrenar porque estaba agotada, no pasaba nada. Adopté la filosofía de «llegar a donde lleguemos y ya está».
“En solo un año he cumplido casi todos los objetivos más importantes de mi vida”
“Nunca voy a ir a unos Juegos Olímpicos, pero las olimpiadas militares me valen”
“Aparqué mi exigencia personal para disfrutar de la academia y ahí fue cuando volví a remontar marcas”
“Mi sueño profesional es ser instructora de educación física en la Guardia Civil”
Hace un año también comentaba que esperaba que su prime aún estuviese por llegar, ¿su margen de mejora pasa por subir de distancia?
Creo que sí. De hecho, mi propósito actual es estrenarme en la maratón, y tengo en mente la de Estepona para ese debut. Aunque mi entrenador pueda pensar que es un poco una locura, me gustaría intentar también el campeonato de España de 50 km de cara al año que viene. No me pongo límites porque el cuerpo siempre te sorprende. No obstante, para dar el salto al gran fondo, sé que tengo que cambiar mi mentalidad y mis entrenamientos, ya que hasta ahora no hago muchos kilómetros a la semana y me considero algo «floja» en ese aspecto del kilometraje..

¿Y el Trail?
La montaña no me llama la atención porque muscularmente no soy tan fuerte en ese terreno y me fatiga mucho más, mientras que en la ciudad disfruto viendo a la gente y los edificios. Tengo claro que soy una «friki» de la ruta y del asfalto.
Por cierto, va a ser oficialmente deportista internacional, ¿no es así?
¡Sí! Es un sueño que no imaginaba. El año que viene representaré a la Guardia Civil en las Olimpiadas Militares en Charlotte, Estados Unidos, en junio. Está claro que nunca voy a participar en unos Juegos Olímpicos, pero esto a mí me vale. Competiré en los 5.000 metros y, aunque el nivel será altísimo con militares de todo el mundo, voy a darlo todo por mi bandera.
Mirando hacia el futuro, ¿dónde y cómo se ve dentro de unos años?
Profesionalmente, mi sueño máximo es ser instructora de educación física dentro de la Guardia Civil. En lo deportivo, aparte de lo comentado sobre subir de distancia y ver cómo me va, ya he entrado en edad máster y puedo acudir también a campeonatos de esta categoría. Aparte, si los astros se alineasen y en un futuro fuese madre, me visualizo perfectamente corriendo con el niño o la niña en el carro.
¿Cómo está afectando esta situación académica-laboral a la relación con su club, el Unicaja Jaén?
Tanto la directiva como mi entrenador, Jesús Montiel, entienden perfectamente mi situación actual y, por mi parte, también he querido ser muy honesta con ellos sobre mi estado de forma. Por ejemplo, en febrero les comuniqué que no estaba en mi «pico», pero me ofrecí a correr si no tenían a nadie más. Mi vínculo con el club es una relación que se fortalece cada año, llegando a sentirlo como una familia.
¿Con qué aprendizaje personal se queda de este último año?
Me quedo con el compañerismo. Cuando estás preparando las oposiciones te vuelves muy individualista, pero la academia me recordó lo que es trabajar en equipo y «hacer piña». Ahora me llena más ayudar a un compañero que una medalla olímpica. Cuando gané el campeonato de la Guardia Civil y mis compañeras me recibieron aplaudiendo en el módulo, sentí que ya no ganaba por mí, sino por ellas. Lo más bonito del deporte es compartirlo.





