Sergio Rodríguez

En el fútbol, como en todos los deportes y en la vida, hay personas que, con sus acciones, te enseñan el valor de la amistad y, sobre todo, el respeto hacia los demás. Aprendí mucho de todo eso cuando tenía los equipos del Atlético Tiburón. Entendí cómo debía tomarme las cosas en el terreno deportivo, intentando inculcar a los niños unos valores de compañerismo, respeto y responsabilidad que, anteponiéndolos a ganar o perder un partido, les sirvieran para que les fuese bien en todos los órdenes de la vida. Una de estas acciones que me ayudó a ver la función moral del deporte la protagonizó José Luis Mantecón. Era el año 1980. Yo llevaba el Tiburón infantil y José Luis el C.D. Puerto, que pertenecía al Santa Adela. Nos enfrentábamos en el campeonato local. El Puerto era un gran equipo que luchaba con el Almuñécar por ser campeón. Nosotros éramos muy inferiores y, además, nuestro mejor defensa (Juan) estaba sancionado. Como mi único objetivo es que no nos metieran un carro de goles, hablé con José Luis para que, sin que nadie se enterase, me dejara utilizar a Juan con la ficha de otro jugador. José Luis, confiado en la fácil victoria de su equipo, me dijo que sí. Total, que el partido se convierte desde el principio en un monólogo del Puerto. Aun así, y con mucha suerte, llegamos al descanso con 0-0. La segunda parte es idem de lo mismo, pero hete aquí que conseguimos forzar un corner y, al saque de esquina, Pedro Jiménez (La Caixa) conectó un cabezazo que hubiese firmado el mismísimo Santillana y coló el balón por toda la escuadra. El Puerto se volcó sobre nuestra área, pero entre el portero, la defensa y los postes evitaron el gol. Cuando terminó el partido con nuestra sorprendente victoria, y sintiéndome culpable, me acerqué a Mantecón y le dije: “José Luis, protesta el partido y gánalo que se os va el campeonato”, a lo que me respondió: “de eso nada; te di permiso y no hemos tenido coj… de ganar. Esto se queda así”. Tengo que decir que gracias a esta acción empecé a ver el fútbol como una enseñanza de valores y principios que intenté inculcar a todos los niños que pasaron por el At. Tiburón.
En memoria de José Luis Mantecón





