Múltiple campeona del mundo de kenpo (tres oros en el Mundial de este año), se ha ganado por méritos propios un sitio en la historia del deporte motrileño. Tábatha Peña Martín (Motril, 2002), estudiante de quinto curso de Medicina, combina con rigor y constancia la exigencia académica con el alto rendimiento deportivo.
Miguel González
Antes que en kenpo, Tábatha Peña apuntaba alto en el mundo del atletismo…
Sí, comencé con 7 u 8 años en marcha atlética. Aquello me enseñó a tener disciplina. Llegué a ser campeona de Andalucía en categoría cadete; el último año intenté compaginarlo con el kenpo. Me lesioné la rodilla: se me despegó el cartílago de crecimiento por el sobreesfuerzo, y con el impacto del atletismo, empeoró. Así que, decidí dedicarme por completo al kenpo.
¿Y por qué precisamente el kenpo?
Mi hermano ya lo practicaba, y en esa época yo sufría acoso escolar en el instituto. Entonces, a mi madre se le ocurrió que yo lo practicase también, aunque fuera solo para aprender a defenderme.
Siendo el kenpo un estilo con una base de kárate, y teniendo departamento propio en la Real Federación Española de Kárate, ¿por qué no se inclinó por el kárate, más mediático y con opción olímpica?
Prefiero el kenpo porque es más amplio; lo considero más completo. Tiene katas, defensa personal y cinco tipos de combate, mientras que en el kárate solo hay uno y, además, si destacas te obligan a especializarte y enfocar tu entrenamiento solo a eso.
¿Qué diferencias hay entre las distintas modalidades de combate en kenpo?
Como dije anteriormente, está la defensa personal, que no es propiamente un combate, sino que plantea unos escenarios en los que uno ataca y otro defiende, como si fuese una pelea en la calle, pero lo hacemos más llamativo con volteretas y acrobacias para que sea más espectacular; y luego existen cinco tipos de combate: el Semikenpo, que viene a ser el más light y es el más parecido al kumite de karate; el Submission, solo trabajo de suelo, sin golpes, parecido al jiu-jitsu; el Full kenpo, en el que vale todo menos pegar en el suelo, pero puedes hacer derribo, estrangulaciones y se pelea al K.O.; el Knock Down, que es parecido al full kenpo pero sin poder golpear en la cara; y, por último, el Combate continuo, muy semejante al kickboxing, sin derribos, pero con golpes de rodilla hacia arriba. Yo compito en full-kenpo, semi-kenpo y defensa personal.
Hablemos de ese Mundial en Portugal. Aunque ya nos hemos acostumbrado a sus medallas, ¿entraban todas ellas dentro de sus previsiones?
Siempre confías en llevarte alguna medalla porque sabes cuánto has trabajado, pero este año ha sido espectacular: cuatro oros, dos platas, un bronce y un cinturón. Eso sí que no lo esperaba.
“He sido la primera mujer a la que se concede el cinturón del Campeonato del Mundo”
“Considero al kenpo más completo que el kárate”

¿Qué representa ese cinturón?
Es como el que se otorga a los campeones en otros deportes de lucha. En nuestro caso es un reconocimiento en función de la cantidad e intensidad de los combates que hagas. Generalmente lo dan en combate full kenpo, el más exigente. En Portugal lo recibimos una húngara y yo; somos las primeras mujeres a las que se ha otorgado el cinturón.
¿Qué partes del cuerpo sufren más daño en un combate?
En mi caso, cuando me golpean la nariz me agobio mucho. Y en el combate de suelo, el cuello. Pero con la adrenalina no notas el dolor hasta el día siguiente. Donde más nos castigamos es en el full kenpo, porque peleas al K.O. y golpeas todo lo fuerte que puedes.
Aparte de los entrenamientos específicos, ¿qué otros son convenientes en la preparación de un kenpoca?
Ahora que hago más tipos de combate, entreno otros deportes de contacto como el jiu jitsu. Además, hago trabajo de musculación, porque es de ahí de donde sacamos mucha potencia y fuerza, que son necesarias para quitarte de encima a una oponente. Por otro lado, en época crítica, cuando necesito dar el peso en la categoría, lo que llamamos cortes de peso, corro bastante.
¿Qué cualidades innatas debe tener un kenpoca?
Tienes que ser valiente; si haces combate no puedes subir con miedo a un tatami. Y también resiliencia: si una modalidad sale mal, tienes que resetear rápido porque quizá en 20 minutos compites en otra. Por otra parte, a nivel físico, cualquiera que tenga coraje y constancia puede progresar.
¿Qué importancia tiene el entrenador durante un combate?
Muchísima. Tú estás dentro del combate y tienes noción de lo que está pasando, pero desde fuera se ve totalmente diferente. Que tu entrenador sea capaz de decirte esto o lo otro, y lo entiendas, es fundamental, lo mismo que su forma de prepararte y motivarte previamente.
Cuando van a un Campeonato del Mundo, ¿existe mucho conocimiento de los rivales que se van a encontrar?
Después de seis mundiales, ya conozco muchas caras y también me conocen a mí, aunque siempre aparecen nuevas. Hay rivales a las que prefieres no encontrártelas hasta la final, pero los cruces son por sorteo puro y te pueden tocar en cualquier momento.
¿Cuál ha sido su título más difícil de conseguir?
La primera vez que gané en full kenpo, en 2021. Era la primera española que conseguía el título. En la final luché contra una argelina muy dura y encima tuvimos que ir al desempate. Fue muy exigente.
¿Y el combate en el que más le “han dado” a usted?
En el Mundial de 2023. Gané tres oros y tres platas, y el combate de full con una rumana fue terrible. Era totalmente consciente de lo duro que me estaba pegando, pero bueno, lo saqué adelante.
“Mi motivación va más allá de las medallas, es mejorar mi kenpo cada año”
“El kenpo es muy físico, pero a un combate tienes que ir con la mente despejada”
“La Costa es referencia del kenpo nacional gracias a la herencia dejada por Miguel Rivas”
Después de haberlo ganado todo, ¿dónde encuentra la motivación para seguir?
En hacerlo mejor que el año anterior, pero no necesariamente a nivel de medallas, sino compitiendo. Veo los videos de hace dos años y los de ahora y aprecio que he mejorado un montón: tengo mejor técnica, más potencia, hago los katas más limpios… Mi motivación no es ganarle a los demás sino superarme a mí misma.
Entonces, ¿hay Tábatha para largo?
Hasta que termine la carrera, seguro. Luego será más complicado compaginarlo. Ahora, si tengo una práctica la cambio y no me ponen muchas pegas para ir a entrenar, pero cuando tenga que hacer guardias…

Estudia quinto de medicina en la Universidad de Granada, ¿qué especialidad va a hacer?
Todavía no lo tengo claro. Sé que no quiero nada de laboratorio, pero aún tengo tiempo para decidir.
¿De qué le sirve el kenpo para la medicina y, al revés?
El kenpo es mi vía de escape para los estudios. Si necesito desconectar me voy a entrenar; el kenpo es muy físico pero tienes que tener la mente muy despejada, porque si en un combate estás pensando en la glucosa, el potasio…, te van a llover “hostias” por todos lados. Y la medicina, por otra parte, me ha enseñado a ser más paciente. Los estudios son una carrera de fondo, no siempre se sacan los exámenes a la primera ni tienes la nota que esperabas; y eso trasladado al deporte es aprender a saber perder…
Contrariamente a algunos países del Este o musulmanes, el kenpo en España es un deporte totalmente amateur, ¿qué ayudas reciben los kenpocas de élite por parte de la Federación?
Por los triunfos nunca nos han remunerado con nada. Sí, te dan una beca, pero no todos los años. Ha habido campeonatos en los que te pagaban todos los gastos, pero en este último solo cubrían parte del viaje y el resto corría por cuenta del competidor. También es verdad que la selección ha crecido mucho, antes íbamos 12 y ahora somos 40.
¿Cómo funciona el sistema de cinturones y danes?
Empiezas en cinturón blanco y avanzas hasta el negro. Los exámenes de los de colores te los hace el propio maestro. El examen del cinturón negro es ante un tribunal y evalúan katas, defensa, combate y teoría. Si pasas eres primer dan, y hasta que no transcurren dos años no puedes presentarte a segundo dan; luego otros tres para ser tercero, y así sucesivamente. Yo soy segundo dan. Este año debería presentarme al tercero, pero, cuando empecé Medicina, me tuve que ir a Valencia porque no obtuve plaza en Granada y me salté un examen, por lo que voy con un año de retraso.
¿Ha tenido que usar el kenpo fuera del tatami?
No, por suerte, fue apuntarme al kenpo y el infierno del acosó cesó. He seguido con mi deporte porque me encanta, pero nunca he tenido que aplicarlo en la calle. Y ojalá que nunca lo necesite.
En cualquier caso, debe darle mucha seguridad…

Muchísima. Cuando empecé no era capaz de ir andando sola por la calle sin ir hablando por teléfono con mi madre. Una vez que llevas un año y otro vas más segura, tienes una confianza.
¿Por qué es nuestra comarca la mayor potencia del kenpo en España?
El maestro referencia a nivel nacional es Miguel Rivas, que es de Almuñécar. Sus hijos han seguido su legado allí. Mi maestro, que es alumno suyo, se vino a Motril, otro se fue a Vélez… No he conocido a Miguel Rivas, pero su pasión por enseñar ha dejado huella.
¿Qué sacrifica usted por el kenpo?
Lo más valioso que tiene una persona en la vida es el tiempo, y yo me quito tiempo de estudiar, de estar con mis amigos, con mi familia, de salir, de estar tumbada en la cama viendo una serie o incluso de comer algunas cosas que me gustaría. Son muchas horas de entrenamiento, de viajes, fines de semana de competición, de concentración…
Ya, para terminar, ¿de quién quiere acordarse?
De mi familia. Sin ellos no estaría aquí. Los cuatro somos cinturones negros. Este Mundial fue especial porque compartí convocatoria con mi padre y mi hermano. También de Laura Esteban, mi compañera de equipo con la que llevo cuatro mundiales siendo campeona. Ojalá sigamos así hasta que nos retiremos.





