(Diciembre, 2014) Una travesía brazada a brazada

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Comercial Ruival

Promovido por la Asociación Vicente Ferrer con el objetivo de recaudar fondos para construir una escuela en la India y enviar alimentos al pueblo saharaui, se lleva a cabo estos últimos años un cruce a nado del Estrecho de Gibraltar bajo el lema “Rumbo Solidario”. Antonio Jiménez Lamíquiz y Ricardo González Sabio, nadadores ambos del Clarín, fueron los elegidos en esta ocasión junto al canario Alejandro Castañeda y el argentino Martín Giacchetta. Los cuatro partieron de Tarifa y alcanzaron a brazadas tierra africana. Lamíquiz y Ricky cuentan en Mucho Deporte esta apasionante aventura

Miguel González

Para una travesía de este calibre serán necesarios una serie de permisos…

Lamíquiz: Sí. Una vez formulada la solicitud, es la Asociación a Nado Cruce del Estrecho la que se encarga de realizar todos los trámites burocráticos ante las diferentes administraciones marítimas así como, previo pago, poner los medios materiales y humanos que se exigen para el desarrollo de la prueba y determina las condiciones de viabilidad de ésta. Los nadadores debemos aportar un certificado médico.

En esos medios materiales y humanos se incluyen las embarcaciones de apoyo (un velero que hace de guía y una lancha neumática) y el personal que, aparte de ofrecer el avituallamiento, asesora sobre las dificultades técnicas y psicológicas que se presentan durante la travesía…

Lamíquiz: Efectivamente, y debe existir coordinación entre Tráfico Marítimo del Estrecho y el Centro Zonal de Salvamento Marítimo pues la zona es como una vía de doble dirección por la que navegan numerosos mercantes, y los capitanes de éstos deben estar informados desde la torre de control de Tarifa de que pueden cruzarse con nadadores, un velero y una embarcación neumática. La verdad, impone ver estas moles de acero en medio del mar cuando estás nadando.

La Asociación Cruce del Estrecho sólo permite cuatro nadadores por travesía, ¿cuánto cuesta inscribirse?

Ricky: 1.800 euros por nadador. Además, es la Asociación la que decide el día en que se puede llevar a cabo la travesía ya sea por motivo de las condiciones meteorológicas o porque haya otros cruces en espera. Cuando te dan un permiso es por una semana o diez días, y si en ese tiempo no se puede hacer la travesía es necesario renovar el permiso.

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¿Por qué no se ha hecho la travesía en otra época del año con tiempo más benigno?

Ricky: Porque hay lista de espera. Este año se han efectuado 70 cruces. Nos han dado fechas que ya no quiere nadie; lo normal es hacer la travesía entre abril y octubre.

El día 13 de noviembre habían nadado las chicas que participaron en este reto “Rumbo Solidario”. Vosotros debíais de haber cruzado el Estrecho un par de días más tarde; sin embargo, las condiciones meteorológicas os obligaron a esperar hasta el 25 de noviembre. Os llaman un día antes, os plantáis en Tarifa y, una vez salido el sol, llega el momento de comenzar…

Lamíquiz: Nos sacaron en barco hasta el espigón, frente a Isla Tarifa, y tuvimos que esperar que amainara el viento. Éste era de 12 nudos y así resultaba imposible. Mirábamos a levante y cada vez veíamos más olas blancas. Anímicamente nos vinimos abajo.

Ricky: Yo le decía a Antonio que intentara convencer a la Organización de que nos dejaran empezar…

Lamíquiz: Pero eso era imposible, la decisión dependía de las Autoridades Marítimas y si no se cumplen las condiciones de seguridad no hay nada que hacer.

De repente, todo cambia…

Lamíquiz: El patrón del barco guía cayó en la cuenta de que el anemómetro del puesto de Tarifa está en una montaña y ahí la fuerza del viento es mayor que en el mar. El caso es que, en un momento dado, nos dicen que nos preparemos rápido porque vamos a empezar, aunque existe la posibilidad de, una vez en el agua, interrumpir la travesía si no queda más remedio.

¿Cómo fue ese primer contacto con el agua?

Lamíquiz: Al principio había muchas olas y nos vimos un poco cohibidos, sobre todo yo que soy muy friolero. En la salida, justo detrás de nosotros, había un faro; y después de llevar una hora nadando aún lo veíamos detrás de nuestras cabezas. Nos tenían que convencer de que estábamos avanzando.

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Seguís el rumbo que marca el velero que va delante y os acompaña una neumática desde la que recibís el avituallamiento, ¿qué tomabais dentro del agua?

Lamíquiz: La gente suele ir muy preparada. Los otros dos compañeros eran triatletas y llevaban para avituallarse geles, hidratos de carbono, bebidas bajas en sales minerales… Cuando vieron que nosotros llegamos con una bolsa de Alcampo con tubos de leche condensada se rieron como diciendo ¿y estos de dónde han salido? Los avituallamientos desde la barca neumática eran cada media hora, y ellos iban alternando sólido con líquido; lo tenían todo muy estudiado.

“Si hubiésemos nadado los dos solos habríamos tardado una hora menos”

Dentro de las dificultades lógicas de esta prueba, ¿discurría todo según lo previsto?

Lamíquiz: Nos habíamos tirado al agua aproximadamente a las 10 y cuarto de la mañana y a la hora y pico, con el traqueteo de las olas, uno de los triatletas comenzó a vomitar. Las normas de la travesía obligan a nadar en grupo, a lo sumo separados por 50 metros de distancia, y los dos triatletas solían quedarse rezagados, por lo cual tanto Ricky como yo, que era el que marchaba siempre en cabeza, debíamos esperarlos o darnos la vuelta para darles ánimos y consejos.

¿Cómo se domina un mareo dentro del mar?

Ricky: A este compañero en concreto le dijimos que no mirara al fondo, que no levantara tanto la cabeza y que fijara la mirada en el barco. En un momento dado hubieron de sacarlo del agua. Hicimos 5 horas y 17 minutos en realizar el cruce y sin estos condicionantes podíamos haber tardado fácilmente una hora menos.

Continúa la travesía…

Lamíquiz: En mitad del Estrecho el mar se quedó plano, como una piscina. Aprovechamos para apretar y fue entonces cuando empezamos a escuchar como unos chirridos de dientes y unos silbidos. Podían ser cincuenta delfines que se acercaban a vernos. Iban y volvían. Venían del fondo.

¿Llegasteis a tocarlos?

Lamíquiz: Faltó muy poco. Llegaron a ponerse ojo con ojo a no más de una cuarta de distancia. Yo incluso silbaba para ver su reacción. Se te pone el vello de punta y aprecias lo bonito del momento, algo que quizás no tengas la oportunidad de repetir en la vida. Ves también un rayo de luz que atraviesa un fondo abisal azul y, a la derecha, nos encontramos con unas ballenas de 5-6 metros llamadas calderones, que tampoco hacen nada, y que nos acompañan también.

A pesar de la afabilidad de esos cetáceos, ¿pasasteis algún momento de miedo dada su cercanía?

Ricky: No. Quizás lo que más nos asustó fue el buzo fotógrafo; se metía en el agua en determinados puntos del recorrido y llegaba a los 15 metros de profundidad, así que no distinguíamos bien lo que era. En alguna ocasión hasta nos estorbó.

¿Cuál fue el momento más duro o complicado?

Ricky: El final. Ves el puerto y te parece que no llegas. De hecho las corrientes nos obligaron a cambiar el trayecto. Pretendíamos llegar a Punta Cires y tuvimos que dirigirnos al puerto de Tánger. El Estrecho tiene unos 15 kilómetros entre sus puntos más cercanos y nosotros acabamos nadando casi 20 kilómetros.

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¿Hay que cambiar mucho de rumbo durante la travesía por culpa de las corrientes?

Lamíquiz: Nosotros no nadamos en zigzag. Desde el punto de partida hasta el de llegada acabamos describiendo una comba que se acercó mucho a una diagonal, y eso es muy difícil.

“Para superar las corrientes hay que nadar con fuerza y no ponerse nervioso”

En esa zona confluyen las corrientes del Atlántico y del Mediterráneo, ¿cómo se lucha contra ellas y contra las olas?

Lamíquiz: Cuando estábamos llegando preguntaba cuánto faltaba y me decían que mil metros, pero a mí no me cuadraba. En realidad es que las corrientes te llevaban hacia atrás; no avanzábamos. Al final tienes que vencerlas a base de fuerza, buscando la motivación en la familia y en todas esas cosas que te empujan a seguir adelante en la vida.

Ricky: Hay que aprovechar un poco las olas. Coger la cresta y apretar un poco más para avanzar algo. Es importante no ponerse nervioso en estos casos porque te cansas antes. Además, hay que procurar no tragar agua porque, ya de por sí, la sensación de salinidad era mucho mayor que en los entrenamientos a mar abierto en Motril.

Lamíquiz: En cada brazada puedes avanzar normalmente entre metro y medio y dos metros, pero en condiciones así tienes que echarle narices y asumir que tienes que ir hacia delante de veinte en veinte centímetros. Además, puede venir una ola de levante y otra de poniente y no sabes ni dónde estás. Yo hago como en las tormentas con el rayo y el trueno; observo la ola, cuento, y me digo: “ahora toca”.

¿Da tiempo a hablar durante la travesía?

Lamíquiz: La última hora nos dieron libertad para desengancharnos de los otros dos y tiramos con fuerza. Fue cuando más hablamos, aunque básicamente para darnos confianza mutua.

Llegáis al final, ¿cómo es ese punto físicamente?

Lamíquiz: Un espigón, pero recomendaban no llegar a tocarlo porque la mar te podía estampar contra él. Así que, a unos metros del mismo el patrón comunicó a la torre de Tarifa que a esa hora se había cubierto con éxito el cruce del Estrecho y nos mandó subir al barco.

¿Y qué se siente una vez alcanzado?

Ricky: El cuerpo se aploma al ver que lo has conseguido.

Lamíquiz: Al estar tanto tiempo en el agua, sin notar peso por la flotabilidad del neopreno, sientes ingravidez, y cuando intenté subir las escalerillas noté que en realidad tenía el cuerpo reventado y como si me empujaran hacia abajo. Después empiezas a darte cuenta de lo que has hecho.

¿Visteis peligrar el reto en algún momento?

Lamíquiz: Peligrar no, aunque cuando las patrulleras marroquíes vinieron hacia nosotros me preocupé. Desde la neumática me dijeron que lo mismo teníamos que estar nadando alrededor del barco durante el tiempo que durase la comprobación de documentación, que podía ser incluso una hora. Me parecía una barbaridad, aunque por suerte la cosa fue rápida. Eso sí, recuerdo que lo primero que pidieron fue tabaco.

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¿Qué hacéis una vez que termina el cruce y subís al barco para iniciar el regreso?

Lamíquiz: Bajé al camarote y vi por el ojo de buey como se movía el barco. Me costó un mundo quitarme el traje de neopreno. En esas, uno de los triatletas empezó a vomitar y me entró un poco de angustia. Liberado del traje, me fui a la popa, comí unos mantecados, me tomé media cerveza y ya nos pusimos a hablar de la aventura.

¿Qué distancia seríais capaces de nadar sin salir del agua?

Lamíquiz: A mitad de recorrido yo me veía con fuerzas para hacer la vuelta. Curiosamente también me dio mucha hambre; pensaba en un chuletón de ternera con patatas fritas. Pero no sé lo que podríamos nadar ininterrumpidamente. En el momento que terminas el cruce lo último que piensas es en volver a nado.

“Si mentalmente no eres fuerte no tienes nada que hacer”

¿Cómo se entrena una prueba de este tipo?

Lamíquiz: Nadando y nadando. Sé que hay gente que afronta el cruce muy preparada; que hace gimnasio, dietas… Nosotros sólo nadamos. Hicimos muchos largos en la piscina y sólo quedamos dos veces para nadar juntos un par de horas en la playa de Calahonda.

Ricky: Nunca habíamos nadado con un traje de neopreno. La primera vez que lo probé acabé con toda la zona del cuello llena de rozaduras.

¿Es posible hacer el cruce sin traje de neopreno?

Lamíquiz: En otras fechas sí se hace, pero en noviembre es imposible por la temperatura del agua, aunque he de reconocer que no estaba tan fría. Esperábamos entre 12 y 14 grados y sorprendentemente estaba a 18. Eso sí, cuando nos acercábamos a la bocana del puerto de Tánger el agua estaba helada.

¿Qué ventajas tiene el neopreno a la hora de nadar?

Ricky: Puedes tardar un minuto menos en nadar 1.000 metros si utilizas el neopreno. Por eso la Federación no lo autoriza. Además, no es justo que los triatletas, que nadan con estos trajes, puedan avanzar más que los nadadores gracias a la mayor flotabilidad que ofrece esta prenda.

Lamíquiz: Si tienes potencia de brazos suficiente, incluso puedes llevar los pies fuera del agua. Hay gente que ha hecho el Estrecho con trajes de hasta 600 euros; nosotros nos arriesgamos con uno de 70 ó 80 euros y nos salió todo bien. En esta prueba la confianza en sí mismo es fundamental. Si mentalmente no eres fuerte no tienes nada que hacer.

¿Qué diferencia ha habido entre vuestro cruce y el que realizaron en septiembre Juan Antonio Pérez y Yolanda Jiménez?

Lamíquiz: El tiempo. La mar estuvo plana y tuvieron corrientes del norte a favor, con lo que pudieron llegar a Punta Cires. Pudieron ir a más de dos nudos a la hora. El Estrecho se puede hacer normalmente en 3.50 horas, pero también te puedes ir a las 6 horas. El año pasado la travesía Rumbo Solidario se realizó en verano y los nadadores, sin neopreno, hicieron 3 horas y 40 minutos.

¿Cuál es el próximo reto?

Lamíquiz: Esto es lo que me gusta y tiene que haber algo por hacer próximamente. He visto en el mapa que Italia y Malta están cerca, así que alguna travesía debe haber por ahí. También está el Canal de la Mancha, aunque prefiero la calidez del Mediterráneo al frío del Mar del Norte. Ricky es velocista y, sin embargo, lo convencí para lo del Estrecho. Seguro que también me acompaña en lo siguiente.

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