Eficiencia…

Cafetería Siglo XX

El Rincón del Disidente… Rafael Montero Artigas

A la capacidad de lograr los resultados con el mínimo posible se le denomina eficiencia. A estas alturas nuestro sistema sanitario no ofrece dudas, la inmensa mayoría de la población utiliza la sanidad pública. Ahora bien, cabría preguntarse si cumple el requisito de ser eficiente. En ese momento se podrían barajar todas las opciones en el análisis, de tal manera que se pudiera comparar el mismo trabajo en la sanidad pública y en la privada. Si, por ejemplo, una pequeña cirugía en la pública acabara costando el doble que en la privada, debiéramos considerar si se cumplen los baremos de eficiencia.

Con el número de asesores pasa lo mismo; en el estado central existe un 187% más de asesores que en el tiempo de Felipe González. Curiosamente, ahora existen herramientas informáticas potentísimas para utilizar en la gestión de datos y estudios. O sea que, decenas de años después, el estado, para ser eficiente gasta tres veces más. Como resultado, en todo caso el gasto público se dispara para sostener el servicio. Un estado gordo, lento, extremadamente politizado, con duplicidades palmarias, fuente de chorreos y colocaciones, en ningún caso puede ser eficiente, porque aquello de lo mínimo de recursos no se cumple.

Un ente falto de eficiencia y nada empático, necesitado de fondos constantemente para mantener el tinglado en pie, acaba por convertirse en un depredador del dinero de los contribuyentes. Y lo que más jode es el discurso de que lo hace por nuestro bien. Oiga, y a estas alturas, hay gente que se lo cree (entre estos estarán los estómagos agradecidos, no me cabe la menor duda).

Aguisur

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