Las Tarjetas de Sergio

En la vida las costumbres suelen hacerse leyes, y cuando ciertas cosas se toman por habituales, su no cumplimiento se convierte casi en un delito a ojos de la gente. Eso lo vemos, por ejemplo, en el fútbol. Cambian las reglas, la tecnología, la comodidad en los estadios, las campañas de concienciación…, pero los aficionados se siguen cabreando igual si algo les disgusta. Lo que cuento hoy ocurrió en 1975. El C.D. Motril tenía un gran equipo y jugaba en Regional Preferente, una categoría potentísima (en esos años no había 2ª B y sólo cuatro grupos de Tercera). El Motril estaba dirigido por un entrenador de La Línea, Antonio Reyes Cano, conocido entre la afición como el Bigotes. Mi padre, Pepe Villegas, era el presidente de un equipo plagado de buenos futbolistas como Paco Rojas, Recio, Rex, Antonio Godoy, Armas, Lorenzo, Sánchez Picón, Eduardi, Novo y otros más que esos años hacían las delicias de los aficionados. Aquel Motril, que luchaba por subir a 3ª, además de ganar, jugaba bien casi siempre. Pero hete aquí que un día no fue así, el Motril ganó 2-1 pero estuvo mal sobre el terreno de juego. La gente, mal acostumbrada, la tomó con los jugadores y, sobre todo, con el entrenador, que se llevó una gran bronca al término del partido. En el pasillo de vestuarios, Bigotes se encontró con mi padre y éste le preguntó: “Antonio, ¿qué pasa ahí fuera?”, y el Bigotes, con toda la pachorra del mundo, media sonrisa y deje gaditano, le contestó “Presi, que digan lo quieran; dos puntitos más, presi; dos puntitos más”, y se marchó tan campante con la sensación del deber cumplido. Arte y figura no le faltaban.





